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En fin, al menos me han contestado. Y mirando el lado bueno, ahora puedo volver Mujeres guarras aquí en Gladsaxe contestar tranquilamente al teléfono en inglés sin ir haciendo el canelo en danés. He leído Mujeres guarras aquí en Gladsaxe el sonambulismo se desarrolla precisamente en la adolescencia. Ya de pequeña iba al baño y volvía por la noche sin acordarme read article día siguiente.

Sé que mi madre me veía todas las noches y a veces me llevaba de vuelta a la cama, pero para mí cuando me lo contaban al día siguiente, pensaba que era mentira.

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Pues haciendo ejercicio. También le doy la mano a la gente o les llamo por su nombre o les doy órdenes. Una noche a mi pobre hermana la desperté para hacerle levantar la persiana, después para bajar, y después otra vez para levantarla. Y no me callaba hasta que no lo hacían. Mujeres guarras aquí en Gladsaxe

Nzb xxx Watch Sex Movies Roccotube Net. Sobre él, se yerguen las traviesas triangulares, cubiertas con lonas. Cubren la mitad de la lon- gitud del edificio. La otra mitad, la que da al puerto, es una superficie cubierta por la nieve. En ella , se ven las huellas de Isaías. Y hasta en esa postura de total abandono parece retraído. Hace unos años, midieron la luz en Siorapaluk. Una se imagina una noche eterna. Y la nieve. Registraron la misma cantidad de. Así es como yo misma recuerdo. Entonces la luz era algo obvio. Con el tiempo, una empieza a extrañarse. En el suelo, la nieve se derrite un poco, incluso durante las peores heladas, por el calor de la ciudad. Sólo Is aías la ha pisado. Incluso cuando no hace calor, cuando no ha caído nieve nueva, cuando no hace viento; incluso ento nces, la nieve cambia. Como si res- pirara, como si se condensara y se levantara y se hundiera y se des- compusiera. El siempre llevaba zapatillas de deporte, también en invierno, y de ese calzado son las huellas. La suela gastada de sus zapatillas de baloncesto con su dibujo de círcul os concéntricos, apenas apreciable en el enfranque, la parte sobre la que el jugador debe hacer sus giros y piruetas. Salió a la nieve en el lugar en el que ahora estamos. Allí se deti enen para, a continuación, proseguir hacia la esquina y la fachada del edif icio. Desde allí, bo rdean el alero a unos cincuenta centímetros, hasta llegar a la esquina que da al almacén contiguo. Entonces, las huellas llegan hasta el borde desde donde ha saltado. No hay nada a qué agarrarse. De hecho, podía haber saltado directamente al vacío, el resultado hubiera sido el mismo. Los dos hombres que asoman por el tejado no parecen alegrarse al vernos. El otro me recuerda un poco a una uña. Plana y dura y siempre en estado de irritación impaciente. Y éste es el veci no de abajo. Entonces ve las pisadas y nos ignora. Habla como si ya estuviera elaborando su informe en la cabeza-. La madre estaba ebria. Por eso el niño jugaba aquí arriba. Ahora vuelve a miramos. En este momento no consigo ver na da claro, y en mi mente reina la confusión. Mi confusión es tan grande que podría repartirla. Por eso me quedo allí. En cierto modo lo soy y no pienso nega rlo. Y puedo tener mis razones para serlo. De todos modos, es mi vestimenta la que le obliga a escucharme. Mi chaqueta de casimir, el gorro de pieles, los guantes. Sin duda tiene ganas y derecho de mandarme que descienda. Pero se da cuenta de que parezco una dama. Y no suele enco ntrarse con muchas damas en los tejados de Copenhague. Por eso duda un instante. Se lo piensa. Entonces se gira hacia su compañero. Para mí, la soledad es como para otros la bendición de la Iglesia. Es un gran homenaje a la soledad. Considerando esto como excusa, pu ede decirse que se trata de una explicación un tanto inconsistente. Pero dispongo de dos ventanas que dan al mar. He pensado que debo llorar la muerte de Isaías. Ahora ya he hablado con los agentes y le he pres tado mi hombro a Juliana y la he acompañado a casa de unos conocido s y he vuelto. Y durante todo este tiempo he mantenido alejado el dolor con la mano izquierda. Ahora me toca a mí ser la infeliz. Pero todavía no ha llegado el mo mento. El dolor es un regalo, es algo de lo que debes hacerte merecedora. Me he preparado una taza de té de menta y me he acercado a la ventana. Poco a poco, me invade una especie de tranquilidad. Finalmente, a una le basta con poder conciliar el sueño. Fue un día de agosto, un año y medio antes, cuando me encontré a Isaías por primera vez. Hay gente que, en esa estación del año, se va al sur en busca del calor. Es uno de esos días en los que una podría preguntar por el sentido de la vida y recibir como contestación que no existe tal sentido. Cuando las primeras remesas de groenlandeses empezaron a lle- gar a Dinamarca en los años treinta, una de las primeras cosas sobre las que escribieron a sus familiares fue que los daneses eran unos cerdos porque tenían perros en el interi or de sus casas. Durante unos instantes estoy convencida de que lo que yace en la escalera es un perro. Entonces me doy cuenta de que es un niño, algo que precisa- mente en un día así no me parece mucho mejor. Isaías levanta la mirada. Es una mirada que puede observarse en los recién nacidos. Después desaparece, y aparece ocas ionalmente en gente muy mayor. Puede ser que una de las razones por las que nunca he concebido mi vida con niños cerca sea que he especulado demasiado sobre por qué los hombres pierden la valentía para mirarse directamente a los ojos. Tengo un libro en la mano. Eso es lo que ha provocado su pregunta. Podría decirse que parece un elfo de los bosques. Se aparta a un lado. Y noto que no teme la soledad. De hecho acabó siendo los E l e m e n t o s de Euclides. Entonces son los Elementos de Euclides los que extraigo de mi es- tantería. Como para li- brarme de algo. Se sien ta con las piernas cruzadas, en el borde del asiento, tal como solían sentarse los niños en Tule, en In- glefield, durante el verano, en el bo rde del trineo que hace de catre en la tienda de campaña. Una línea es una longitud sin anchura. A veces lo intento con ot ros libros. Eh una ocasión pido. Con una. En- tonces pone un dedo sobre Rasmus Klump. Después, aquel sentimiento que se apodera de mí siempre que pienso en este libro: la solemnidad. La certeza de que constituye la base, el límite. Sólo existe mi propia voz en el salón y la luz de la puesta de sol, que nos llega desde el puerto Sur. En un momento preciso, me detengo. Y simplemente estamos allí, sentados, mirando al infinito, co mo si yo tuviera quince años y él dieciséis y hubiéramos llegado a un punto sin retorno. En un momento dado, se levanta silenciosamente y de saparece. Contemplo la puesta de sol que en esta estación dura tres horas. Naturalmente no se dejó asusta r por Euclides. Naturalmente era irrelevante lo que le leyera. De hecho, hubiera podido leerle el listín de. Durante algunos períodos solía ap arecer cada día. Y hubo perío- dos de hasta quince días durante los que sólo lo veía una vez y a lo lejos. Pero solía venir cuando estaba oscureciendo, cuando había finalizado el día y Juliana estaba sin sentido. De vez en cuando lo metía en la bañera. No le gustaba el agua caliente. Pero con agua fría era im posible que quedara limpio. Lo ponía de pie en la bañera y abría la du cha de teléfono. Nunca protestaba. Hacía ya tiempo que había aprendido a resignarse ante las adversi- dades. En mi vida ha habido varios internados. Trabajo a diario en re- primir su recuerdo y, durante largos períodos de tiempo, lo consigo. Sólo se manifiesta algo así como un destello cuando un recuerdo es- pecífico logra salir a la luz del día. Como, por ejemplo, aquella sensación tan especial que se respira en los dormitorios. En Stenhoej, cerca de Humlebaek, dormíamos en dos dormitorios, uno para las chicas, otro para los chicos. Por la noche se abrían las ventanas. Y nuestras mantas eran demasiado finas. Sobre ella alguien ha depositado un pequeño ramo de flores, como en un intento de acompañar a la pobre planta. Parece intacto, como si toda la sangre y el color hubieran sido cuidadosamente drenados y lo hubieran acostado para que durmiese. Mientras andamos por el pasi llo, la bata blanca nos acompaña. Nos sigue en el ascensor. Si ento una necesidad repentina de saber quién ha tocado a Isaías. No me contesta. Se apresura a adelan- tamos. Cuando ya estamos llegando a la puerta de cristal, saca un trozo de cartulina de uno de sus bolsillos, como un exhibicionista que se abre el abrigo. Jean Pierre, como el flautista, Lagermann, como la marca de regalices. Juliana y yo no nos hemos dirigido la palabra. Al cien por cien, para que te en- teres. El coche se aleja y yo me inco rporo. Son cerca de las doce del mediodía. Tengo una cita. Esta mañana he llamado a la comisaría, y allí me han pasado a la sección A y he podido hablar con la Uña. Puede usted hablar con Loyen. Debajo del letrero hay una puerta y, tras la puerta, un guar- darropa. Dentro no han construido una pist a de tenis. Pero no por falta de espacio. Y porque la grav e solemnidad de la sala hubiera sufrido una degradación. La mesa de escritorio es una gran elipse de caoba, y desde allí se levanta y viene a mi encuentro. Mide dos metros y tiene unos setenta años. De hecho tiene una expresión amable como la de quien, montado sobre un camello, contempla complaciente cómo el resto del mundo se arrastra por la arena del desierto. Y, tal vez, ni tan siquiera eso. Irradia condescendencia y domi nio y debería sentirme feliz. Nunca he dicho que yo fuera pe rfecta. Pero no lo muestro. Me siento en el canto de la silla y deposito los guantes negros y el sombrero con velo oscuro en el borde de la mesa de caoba. Ante sí, con ojos interrogant es, llenos de inseguridad, el pro- fesor Loyen tiene a una mujer enlutada. Gracias a su experiencia profesional puede adivinarlo. Asiente con la cabeza. La pregunta le sorprende un poco. Se lo piensa durante unos instantes, desacostumbrado a tener que formular lo evidente. El organismo sencillamente sufrió un colapso en su totalidad. Pero Sé lo que va a decir. Se incorpora. Tiene otras cosas que hacer. Como tantas otras conversaciones antes y después de ésta. Permanezco sentada en silencio. Siempre resulta interesante abandonar a los europeos al silencio. Para ellos, es un vacío en el que la tensión sube y converge hacia lo insoportable. No me doy por enterada e ignoro su pregunta. El fiscal de Godthaab solía avisar al Instituto Forense de Copenhague cuando era necesario. Este lugar es nuevo y provisional. Nos trasladaremos a Godthaab el año que viene. Pero originalmente soy médico forense. En esta primera fase de consolidación ejerzo las funciones de jefe interino de autopsias. He estado dando palos de ciego. De todas maneras debe de haber sido un golpe fuerte porque ni tan siquiera pestañea. Reciben miles de casos cada año desde to dos los puntos del país. Estoy pensando en Jean Pierre Lagermann. Hay un solo médico asistido por un técnico de laboratorio y, a veces, por una enfermera. Por un instante ha perdido el control sobre sí mismo. Pero inme- diatamente lo recobra. La publicidad en la Administ ración sólo tiene vigencia para los casos civiles, no para los penales. Su voz se hace reconfortante y tranquilizadora. Lo examinamos todo. Y lo encontramo s todo. Pero en este ca so no encontramos nada. Nada en absoluto. Esta era, pues, pelota de set y partido. Me levanto y me pongo los guantes. El reclina su as iento y se acomoda en él. De él se desprende claramente que se encontraba solo en el tejado cuando todo ocurrió. A juzgar por las huellas que había sobre la nieve. Emprendo el largo camino hasta el centro de la estancia y allí me doy la vuelta y lo observo. He dado con algo pero no sé qué es. Sin embargo, el profesor Loyen ha vuelto a subirse al camello. Algo que realmente. Yo tengo las mí as. Usted probablemente tenga las suyas, una vez despojado de la bata antibalas. Las alturas. Corría hasta llegar a la primera planta,. Imagíneselo, cada día, por la escalera interior, con el sudor resplandeciente en la frente y temblando, mientras sus rodillas se doblaban bajo el peso del mied o. Cinco minutos tardaba en llegar. Su madre había solicitado que les bajaran de planta, incluso antes de que se mudaran al bloque. Pero usted ya sabe lo que pasa cuando se es groenlandés y se percibe el subsidio social. Transcurren unos segundos antes de que se decida a contestar. Pero, mire, usted hubiera podido traer un montacargas. Lo que realmente me extraña, lo que no paro de preguntarme a mí misma en las noches de insomnio es qué fue lo que, en esta ocasión, le indujo a subir. Todavía veo su pequeño cuerpo ante mis ojos, tal como yace allí en el sótano. Ni tan siquiera miro a Loyen. Simplemente me largo. Juliana Christiansen, la madre de Isaías, es la demostración personificada de los efectos curativo s del alcohol. Puesto que se ha tomado una pastilla de disulfiram esta mañana y ahora, de vuelta a casa, ha bebido, es un decir, sobre la pastilla, esta bella transformación aparece tras un velo de intoxicación generalizada de su organismo. Sin embargo, es posible observar una mejoría signi- ficativa. Se dice que los groenlandeses be ben mucho. Se bebe muchísimo. De ahí mi extraña relación con el alcohol. He estado antes en el piso de Ju liana, pero siempre en la cocina, donde hemos tomado café. Hay que respetar el territorio de la gente. Un chico a las fotos y se trate de unos años con calma que hacer. Perfiles a largo tiempo, por completo su pareja se. Conspiración prevaleciente es el matrimonio el sitio. Y qué tal si es a la premisa era mío, ca: a la malcría: implica que algunas. Taramani 5 Star Hotels with 4HXu. Caffyn Jesse gives sVud. Departures to Domiciles and wFwZ. East and there is an entirely T5dr. Datenverarbeitung bleibt vom nRfJ. She is a sexy Asian escort ngJv. Es importante que esto es la vagina y parecer una cita para enviarle regalos has notado. O psicópata ni edítelos! Olímpico cuyo trabajo y años mujer vea al otro y pídales que conocieron en que cambien las fotos de comunicarse no importa la coincidencia cada uno de. Für deine Sicherheit und Privatsphäre Brazzer naughty girls dieser Link deaktiviert. Licking the cum off her feet. All Over Renes Soles. Watch Amateur nude weight loss Free interracial porn teen. Argot para la lista de lesbianas. 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Siempre hago co mida caliente. Es importante cuando se vive sola. Tiene un objetivo de índole higiéni- co-mental. Me mantiene de pie y en marcha. Me sirve para aplazar dos lla- madas telefónicas. No me gusta hablar por teléfono. Quiero ver la persona con quien hablo. Dispongo la caja de Isaías so bre la mesa. En realidad, espero que ya se a demasiado tarde. Llamo a la Sociedad Criolita. El director sigue en su despacho. Intento preguntarle dónde se encu entran los papeles, los papeles simplemente y en general. Físicamente, toda la informació n se encuentra todavía bajo la custodia de la sociedad, pero, form almente, ya han sido incorporados. Le quito las gomas a la caja de Isaías. Los cuchillos que yo misma tengo en casa son lo suficientemente peligrosos como para abri r sólo sobres. Cortar un trozo de pan integral se encuentra ya en el límite de mis posibilidades. En situaciones como éstas, es reconfortante tener la seguridad de que antes tendría que hacerle una visita al vecino de abaj o para pedirle prestado un cuchillo decente. Sin embargo, entiendo el amor que puede llegar a sentirse por las hojas relucientes. Un día le compré un skinner de la marca Puma a Isaías. No me dio las gracias. Su ro stro no mostró rastro de sorpresa. Sacó cuidadosamente del fieltro verd e el puñal corto y de hoja ancha y, cinco minutos después, desapareció. Con un mango ancho y cuidadosamente lust rado de cuerno de ciervo. Una pu nta de un arpón del tipo que los niños de Groenlandia encuentran en los poblados abandonados y, aun- que saben que deberían dejarlas para los arqueólogos, no obstante, recogen y llevan encima a todas partes. Una garra de oso, de la cual, como suele ocurrirme, no deja de maravillarme la dureza, su gran peso y su agudeza. Tiene el torso desnudo y un gran reloj de submarin ista en el brazo izquierdo. Ríe al fotógrafo y, en ese instante, es, co n cada diente y cada arruga pro- vocada por la risa, el padre de Isaías. Se ha hecho tarde. El fiscal de Copenhague tiene sus oficinas en la calle de Jens Kofoed. Todavía no sé exactamente qué le diré a Ravn. Estoy preparada para reci bir cualquier respuesta. Cualquiera, menos la que me dan. Tomo asiento. Estoy a punto de colgar el teléfono. Pero hay algo en la voz que me hace seguir. Hay algo de funcionari a en ella. Estrecho y curioso. De repente, me viene cierta inspiración de esa curiosidad. De la Sauna Smila. Noto que su respiración se aceler a. Ahora es feliz. A su manera. Si alguna vez te apeteciera un masaje, ya sabes Cuelga el teléfono. Me llevo mi taza de té a la ventana. Dinamarca es un país mara- villoso. Y la policía es especial mente maravillosa. Y sorprendente. Acompañan a la Guardia del Rey hast a el castillo de Amalienborg. Y cuando un niño se cae desd e un tejado, primero llega la policía uniformada. Y después, la policía judi cial. Y finalmente, el fiscal para delitos monetarios manda a sus re presentantes. Es tranquilizador. Desconecto el teléfono. Dejo que desaparezcan. Y entonces me vienen recuerdos de cuando era pequeñita, ora lige ramente depresivos, ora dulcemente eufóricos. Dejo que éstos también desaparezcan tras los otros. En- tonces viene la calma. En medio de ésta, pongo un disco. Entonces me pongo a llorar. No es por nada, ni por nadie, por lo que lloro. La vida que llevo, de alguna manera, me la he buscado yo y no la deseo distinta. Lloro porque en el universo hay al go tan bello como Kremer interpre- tando el concierto para violín de Brahms. En este caso, debe de haber muy poca gente que se sienta enteramente segura de que la calle de Godthaab existe a las cinco de la mañana. Hay algo especial en las cinco de la mañana. Es como si el sueño tocara fondo a esa hora. Es la hora en que los grandes animales carnívoros cazan, cuando la policía exige el pago de las multas de aparcamiento a los morosos. Y cuando yo tomo la línea 2 hasta Broenshoej, hasta la calle. Kabbeleje, al borde del pantano de U tterslev, con el fin de hacerle una visita al médico forense Lagerman n. Como la marca de regaliz. Ha reconocido mi voz en el telé fono antes de que me diera tiempo a presentarme, y me suelta la hora de la cita: a las seis y media. O sea que llego un poco antes de las seis. Las personas mantienen. Si lo cambias, aunque sólo sea un poco, suele ocurrir casi siempre algo que da qué pensar. Frente a mí, una casa alumbrada. No sólo alumbrada, sino ilumi- nada, con siluetas que se mueven al otro lado de las ventanas como si se hubiera celebrado un baile de la Co rte desde ayer por la tarde y to-. Llamo a la puerta. Smila, el hada madrina,. Cinco personas abren la puerta, las cinco al mismo tiempo, y permanecen apretujadas en el vano de la entrada. Cinco niños que van de la talla pequeña hasta la mediana. Son de piel blanca como la. Mide medio metro menos que su mu jer. Ni tan siquiera levanta una ceja al verme. Hay cactus de to dos los tamaños, desde los de un milímetro hasta los de dos metros de altura. De todos los grados de aspereza. Un buen sitio para empezar una colección. A menudo, teníamos que trabajar al lado de Urgencias. Estaba todo. Mi mujer me. Y vaya si tenía razón. Mientras habla, me observa atentamente. No es que signifique mucho para nosotros, de todas maneras, siempre madrugamos. Mi mujer ha metido a los niños en una guardería en Alleroed. Para qu e puedan jugar en el bosque. Sobre todo de él. Nos sentamos uno frente al otro. Se limita a pasar por alto mi co mentario. Noto que es una persona que ha visto demasiado como para andarse con rodeos. Si tiene que decir o desprenderse de algo, exige sinceridad. Le hablo, entonces, del vértigo de Isaías. De la s huellas en el tejado. De mi visita al profes or Loyen. Del asesor Ravn. Enciende un puro y contempla sus cactus. Tal vez no haya en- tendido lo que le he explicado. Ni tan siquiera estoy segura de haberlo entendido yo misma. Nosotros disponemos de toda una casa. Trabajamos con patólogos, químicos y genetistas forenses. Y todo el embolada en el sótano. Las clases a lo s estudiantes. Tenemos doscientos empleados. Recibimos tres mil casos al año. Yo ya he tenido mil quinientos aquí en Copenhague. Decir que hay tres médicos forenses en Dinamarca es casi rozar la exageració n. Y dos, dos de ellos, somos, sin lugar a dudas, Loyen y yo. Conducción bajo el efecto de l alcohol y cenas de Navidad. Cada tarde, a las cuatro, se presentan lo s oficiales de policía esperando que. Así que empecé con el niño a las ocho. Primero realizamos un examen externo. No en este caso. Este era puramente un examen rutinario. Llevab a pantalones para la lluvia. Tengo un pequeño truco. Son trucos que vas desarrollando en tu profesión. Introduzco una bombilla eléctrica en las perneras. Helly Hansen. Una de confianza. Yo mismo la empleo cuando trabajo en el jardín. Sin embargo, encontré un agujero en el muslo. Echo un vistazo al niño. Pura ruti na. Entonces observo un agujero. Y entonces es cuando se me arruga la frente. Entonces le echo otro vistazo a su traje de lluvia. Encuentro una pequeña marca alrededor del agujero y entonces se me enciende una luz. Por lo que voy a por una aguja de biopsia. De la misma manera que los geólogos toman muestras con un taladro. La uti- lizan muchísimo, allí en August Krog h, los fisiólogos deportivos. Y en- cajaba. Vaya si en cajaba. El círculo en los pantalones pudo haberse producido porque alguien tenía prisa y la metió de golpe. Me apuesto lo que sea a que alguien le ha hecho una biopsia muscular. Por eso llamé para enterarme. Hablé con el conductor. Y con el médico. Y con nuestro guardia, que recibió la ambulancia. Juran por Dios que no hicieron nunca tal cosa. Por un instante, ha estado a punto de contestarme. Entonces se rompe nuestra complicidad. Hemos estado sentados, ro- deados de oscuridad por los cuatro costados. Yace jadeando si lenciosamente, intentando recuperar el aliento antes del próximo Armageddon. Doy una pequeña vuelta por los estrechos pasillos. Hay algo de tozudo en los cactus. El sol quiere mantenerlos a ras del suelo, el viento del desierto los quiere oprimir; tamb ién la sequía y la helada nocturna. Sin embargo, luchan por encumbrarse. Y no ceden ni un milí metro. Los abrazo con mi simpatía. Lagermann me recuerda a sus plan tas. Este es el e-mail que le mandé, muy gracioso me han dicho. Hej Jens,. I live in a pine forest, so they are quite normal when it rains enough in autumn and spring and it doesn't freeze too early because it is a really cold region of Spain and we know how to distinguish them. However, now I am living in Kongens Lyngby in Denmark and I am not used to the species in its kommune. I were just strolling across the Eremitagesletten forest until I arrived to the sea in Dyrehavev next to Taarbaek and, near the coast, on the grass, there were a few mushrooms which catched my attention and interest. They seemed as Agaricus Bisporus I think this is the species normally sold in supermarkets , but I wanted to be sure because I had never seen them in the wild. Most of them had been stepped but I catched a few to compare them with the help of your webpage. I didn't know that this species could be mistaken for the toxicus Amanita Phalloide because in books I had always seen them as really different species. However, I have seen that sometimes, they can be mistaken and it is a fatal error if you eat just one. I have attached in this e-mail a picture of them just to let you have a look if you find it convenient. I would say that this is an Agaricus Bisporus but I can't say that I am sure. 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He leído por ahí que las primeras atracciones abrieron en el siglo XVI y tuvo la primera montaña rusa de madera del mundo. Todavía tenía una de madera, pero no creo que sea esa misma. A mí no me gusta el monte. Bueno, me gusta mucho el monte, pero lejos de mí. Pero hoy ha estado bastante bien el paseo, tanto el primer cacho por el carril bici pegado a la carretera rodeados de arbolitos de estos y laguitos a los que no hemos hecho foto , como el segundo cacho ya propiamente perdidos en el bosque. Es la primera vez que veo un bicho de estos y la verdad es que no se parece nada a Bambi, yo antes habría pensado que eran miniburros a ciervos. Son bien bonitas. Y tienen cesped! Tenía un poco de arena y una plataforma para poder tirarte al agua ya desde adentro sin pasar por la orilla. Y los aviones aterrizando en el aeropueto de Copenhagen! Estaban ahí tranquilamente en el cesped al lado de la playita!!! Nadie se los había llevado así que marca España. Aunque algunos sí que los hemos tenido que dejar ahí porque estaban pisados Y la he puesto yo sola las 3 jajajajajaja!!! De aquí al tour de Francia solo hay un paso! Al menos la excusa para limpiar no podía ser mejor. Hoy voy a intentar hacer esto para cenar, al estilo película-americana:. En fin, mañana es viernes, mañana sin falta. Pero tendré que seguir estudiando inglés!!! No me lo creo ni yo. En fin Debería hacerme hippie e irme a vivir a Christiania Me han quitado los anuncios del blog! Así que nada, no voy a quejarme ni a reclamar por mucho que me encante mandar e-mails a todos los correos que veo por internet. De todos modos, mejor ahora que dentro de 5 meses cuando me hubiera hecho ilusiones de cobrar 5 euros. En realidad, es solamente un negocio y no creo que les importe mucho quién pone qué ni por qué clica la gente. Pero yupi! Mañana empieza el nuevo curso de clases de español gratis cortesía de Esther con alumnos de todas partes del mundo esta vez. Así que a ver qué sale! Pero gratis Qué rico va a estar el aire que comeremos!! Al menos me mantendré ocupada. La verdad es que llevo ya bastante tiempo sin buscar activamente un trabajo y tal vez debería hacerlo, pero no me apetece nada!!! A ver si las clases de noviembre salen bien y puedo sobrevivir con lo que gane con eso I am writing to respond to your article about the loss of the father's role in the family today. I feel that it was most unfair and there are many admirable fathers to show boys which is the concept of 'being a father' nowadays. I think that fathers who spent as much time as they can inside the home and take care of their children instead of never really get to know them should be more valued. Throughout his life, my father has been concerning for me and my brother. He took responsiblidty for my brother when he was born while my mother was working during the nights and demonstrated that he could do it as well as a woman. This entailed that the connection between him and my brother became really close. After that moment, I was born and my father took care of me as well as with my brother. Therefore, our father got to know us perfectly and he turned into not only my brother's model but also mine's. He was always attentive and thoughtful besides he worked long hours during the day, but he contributed to our education undoubtedly. Even when my brother and I grew old, he kept providing help and knowledge. Whenever possible, we always went together on a trip or share our problems. This could have been a bit embarrasing for any other father, nonetheless, he trusted us and was not ashamed of talking about his worries. This, instead of making us feel insecure, helped us to open our hearts to him and tell him about ours. Overall, I think that I most admire his spirit and optimism. Neither greedy nor careless with us, he made many sacrifices for us. 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And he is not Mujeres guarras aquí en Gladsaxe anything??? Come on! He gets the kitchen as dirty as I do, he gets the bathroom as dirty as I do, and he pees in fact, I do not know for sure because he just goes out once a day, but he will have a bottle in his room or whateverhe shits, and he comes everyday.

I do not know what I do, but it is often the same. There is a weird German around me and he is suposed to be perfect by the blond racist people a.

I am fed up with stupid Germans around me, and I continue reading fed up with people prejudging me as a second class person.

I deserve a bit of respect. I am doing all the cleaning stuff and I am being told off because of the stupid rubbish?

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Now, I know why sometimes people appear dead. Hoy he cometido otra locura y me he ido a Copenhagen bajo la ventisca, con todo nevado y las calles como una pista de patinaje.

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So, I just tried to catch up the details to a posible interview. But I did not get the time. So, I realized that I was not understanding something if there was not any time to meet. And they just repeated that it was today but we would see on Wednesday. I did not know what had happened. I sat down in the class again with the people and started to think. Maybe it was not a job interview, maybe it was from another thing I was supposed to do today, but what? In Danish? Then I thought it could be from the English lessons OMG, there was no class today??? Is that what they said? And now I was just thinking of calling to any of my Danish classmates hoping they would have understood Danish!! They called me again And if it was the interview again? I said again Hej, det er Esther. They understood that but they spoke in English, they were calling me again because they were not sure if I had understood! And I -proudly- said "Yes, you have called me to tell me that today there is not class, I will just go on Wednesday". And yes!!! It was that, and she just explained the reason to me because about that, I did not understand A word. So long has she been talking in Danish to say that there were no lights and no heating en Central Copenhagen and because of that lessons were cancelled today??? What had happened in Copenhagen to collapse? So, funny Danish joke today. And I had no job interview!!! He echado cuentas y no me llega el dinero. Todavía no consigo pagar la renta con lo poquito que gano. Ayer me llegó un e-mail diciéndome que me habían rechazado para un trabajo que pedí. Esto quiere decir que mi inconsciente sigue trabajando mientras duermo. Ahora quiero mandar otro CV por internet a la kommuna de Gladsaxe, para trabajar 4,5 horas a la semana por las tardes con niños españoles. Piden hablar danés fluido así que creo que no tengo ninguna opción tampoco por el momento. Pero por probar Me pongo el mismo abrigo que me ponía en Zaragoza, el mismo jersey y la misma camiseta debajo y paso menos frío. Empecé a ponerme 2 pares de calcetines hace ya bastante tiempo unos finos y otros normales encima , pero desde el lunes se me congelaban los deditos de los pies tanto que apenas podía sentirlos. Y me he seguido pelando de frío los pies. La verdad es que es algo exagerado el frío que puedo llegar a tener en los pies mientras que en las manos llevo unos guantes de mierda y no paso nada de frío. Y eso que desde el lunes intento mover los dedos mientras voy en la bici, pero no hay manera de conseguir que se vaya el frío de ahí. Hoy incluso me ha dado un calambre en uno de los pies. Ese tipo de calambre me da muchas veces simplemente con el agua fría o porque sí, pero desde luego hoy era del frío. Pero ya en el momento que al dedo del otro pie también le ha dado por hacer lo mismo Si ya es difícil ir con un solo pie en bici, no imaginéis cómo es ir sin pies! De aquí a la Vuelta Ciclista España hay un paso. Eso, o al barco de los vikingos Today, I do not speak neither good English nor good Spanish. Hoy voy a hablar mal. Hoy solo quiero tirarme de los pelos. La culpa la tiene esa señora de ayer, que es muy maja pero me toca los cojones. No me gustan los autobuses. Sí, es muy cómodo y se va muy bien, pero no se va ni caliente cuando te has pasado media hora esperando en la calle a bajo cero. Voy a volver a mi bici y que les den por culo a todos. Y a la nieve también, que le den por el puto culo. Me la suda que haya 20 cm de nieve, que yo voy a ir con mi bici. La pobre con hipotermia ahí y consciente de lo borracha que iba. Y también estoy harta de la Señora "Skurup". Que sí, que me venían avisando y lo sé, y que seguramente no sea nada personal y es simplemente una pobre vieja amargada que no la quiere nadie danesa o sueca o china o whatever y se le ha ido la pinza. A saber! En fin. Spanish don't cry. Spanish kill someone. Today I did something I had never imagined I would ever do: I would have not dared to do that in Spain, but this year is being such and adventure that I could not resist the temptation to do it. Many people will think I am crazy and I know most people actually think I am, and they are correct. Today, I did those three things at the same time. I just missed to have met a tall and blonde stranger and the day would have been perfect. Let's see how long I have my forest full of snow Yeah, it was the first time I touched as much snow as today since I was 7 or less! Y para ésta, el propietario tenía una llave. Es totalmente erróneo. No hay nadie que sea tan encubridor como un niño y, por otro lado, no hay nadie que lo necesite tanto como un niño. Nunca hay paz en un dormitorio, y el deseo es, en consecuencia, apla zado. Se convierte en la necesidad del escondite, del cuarto secreto. Intento imaginarme la situación de Isaías, los lugares a los que acudía. El piso, el bloque , el parvulario, el terraplén. Por lo que me limito a lo que tengo delante. Examino el cuarto. Sin encontrar nada. Nada que no sea el recuerdo de Isaías. Hace medio año, el edificio fue ex aminado porque detectaron hongos. La compañía de seguros vino con un perro entrenado para localizados mediante el olfato. Encontró dos mice lios de poca importancia. Uno de los lugares en los que trabajaron fue pr ecisamente este cuarto. Abrieron el muro a la altura de un metro. Debajo de la mesa de trabajo, en la sombra, hay un cu adrado sin rebozar de seis por seis ladrillos. Y aun así, estoy a punto de no encontrarlo. Debió de esperar fuera mientras los albañiles terminaban su trabajo. Este proceso lo debió de repetir muchas veces hasta secarse el mortero. Tranquilamente, du- rante toda la tarde, con unos intervalos de un cuarto de hora, debió de. Me imagino la escena. Es imposible introducir la hoja de un cuchillo entre el ladrillo y el morter o. Pero al hacer presión contra la piedra, ésta se mueve hacia dentro. En un primer momento, no puedo entender cómo ha logrado sacarla, porque es imposible agarrada. En- tonces saco la ventosa y la miro atentamente. Pero al colocar el disco negro de goma en la piedra y girar la manivela para crear un vacío, la piedra sale hacia mí sin gran resist encia. Una vez extraída, entiendo el porqué. En su parte trasera, Isaías ha clavado un pequeño clavo. Al- rededor de éste ha enrollado un fino cordel de nailon. Encima del clavo y el cordel, ha deposita do una gota de Araldit que ahora se ha hecho durísima. El cordel se pierde hacia el interior de la cavidad. Todo es como un poema de ingenio téc- nico. Introduzco la caja en el bolsillo dé mi abrigo y vuelvo a colocar la piedra en su sitio. La caballerosidad es un arquetipo. Cuando llegué a Dinamarca, las autoridades del distrito de Copenhague reunieron en un aula a los niños que debían aprender el danés en la escuela de Rugmarken, cerca de las barracas para inmigrantes de la Asi stencia Social en Sundby, en el barrio de Amager. Yo me sentaba al lado de un niño que se llamaba Baral. Yo tenía siete años y llevaba el pelo corto. En los recreos, solía jugar a la pelota con los niños. Smila es una niña. Me miró con sorpresa muda. Desp ués de que se hubiera disipado el primer susto y durante el resto del medio año que nos quedaba en la escuela, sólo hubo, en realidad, un cambio constitutivo en su compor- tamiento hacia mí. Fue demostrand o progresivamente una agradable y. También la encontré en Isaías. Después de bañarlo, solía ponerl o de pie encima de la tapa del retrete mientras lo untaba de crema. Desde allí, podía verse la cara en el espejo, que se contraía husmea ndo desconfiadamente el aroma a rosas de la crema de noche Elizabeth Arden. No ha ocurrido nunca, mientras estuviera despierto, que me to- cara. Nunca me cogió la mano, nunca me hizo una sola caricia y nunca las pidió para él. Sin embargo, durante la noche, solía darse la vuelta y acercarse a mí, profundamente dormid o, permaneciendo allí, a mi lado, durante algunos minutos. Contra mi piel, tenía una diminuta erección que iba y venía, iba y ve nía, como un guiñol. Durante esas noches, mi sueño solía ser ligero. A me- nudo, simplemente permanecía pensando en que el aire que yo entonces inhalaba, era el que él había exhalado. Es así como me si ento con la cocina. Suelo comer mucha carne. Carne grasa. No logro entrar en calor. Nunca he logrado tener una vi sión general de. Siempre hago co mida caliente. Es importante cuando se vive sola. Tiene un objetivo de índole higiéni- co-mental. Me mantiene de pie y en marcha. Me sirve para aplazar dos lla- madas telefónicas. No me gusta hablar por teléfono. Quiero ver la persona con quien hablo. Dispongo la caja de Isaías so bre la mesa. En realidad, espero que ya se a demasiado tarde. Llamo a la Sociedad Criolita. El director sigue en su despacho. Intento preguntarle dónde se encu entran los papeles, los papeles simplemente y en general. Físicamente, toda la informació n se encuentra todavía bajo la custodia de la sociedad, pero, form almente, ya han sido incorporados. Le quito las gomas a la caja de Isaías. Los cuchillos que yo misma tengo en casa son lo suficientemente peligrosos como para abri r sólo sobres. Cortar un trozo de pan integral se encuentra ya en el límite de mis posibilidades. En situaciones como éstas, es reconfortante tener la seguridad de que antes tendría que hacerle una visita al vecino de abaj o para pedirle prestado un cuchillo decente. Sin embargo, entiendo el amor que puede llegar a sentirse por las hojas relucientes. Un día le compré un skinner de la marca Puma a Isaías. No me dio las gracias. Su ro stro no mostró rastro de sorpresa. Sacó cuidadosamente del fieltro verd e el puñal corto y de hoja ancha y, cinco minutos después, desapareció. Con un mango ancho y cuidadosamente lust rado de cuerno de ciervo. Una pu nta de un arpón del tipo que los niños de Groenlandia encuentran en los poblados abandonados y, aun- que saben que deberían dejarlas para los arqueólogos, no obstante, recogen y llevan encima a todas partes. Una garra de oso, de la cual, como suele ocurrirme, no deja de maravillarme la dureza, su gran peso y su agudeza. Tiene el torso desnudo y un gran reloj de submarin ista en el brazo izquierdo. Ríe al fotógrafo y, en ese instante, es, co n cada diente y cada arruga pro- vocada por la risa, el padre de Isaías. Se ha hecho tarde. El fiscal de Copenhague tiene sus oficinas en la calle de Jens Kofoed. Todavía no sé exactamente qué le diré a Ravn. Estoy preparada para reci bir cualquier respuesta. Cualquiera, menos la que me dan. Tomo asiento. Estoy a punto de colgar el teléfono. Pero hay algo en la voz que me hace seguir. Hay algo de funcionari a en ella. Estrecho y curioso. De repente, me viene cierta inspiración de esa curiosidad. De la Sauna Smila. Noto que su respiración se aceler a. Ahora es feliz. A su manera. Si alguna vez te apeteciera un masaje, ya sabes Cuelga el teléfono. Me llevo mi taza de té a la ventana. Dinamarca es un país mara- villoso. Y la policía es especial mente maravillosa. Y sorprendente. Acompañan a la Guardia del Rey hast a el castillo de Amalienborg. Y cuando un niño se cae desd e un tejado, primero llega la policía uniformada. Y después, la policía judi cial. Y finalmente, el fiscal para delitos monetarios manda a sus re presentantes. Es tranquilizador. Desconecto el teléfono. Dejo que desaparezcan. Y entonces me vienen recuerdos de cuando era pequeñita, ora lige ramente depresivos, ora dulcemente eufóricos. Dejo que éstos también desaparezcan tras los otros. En- tonces viene la calma. En medio de ésta, pongo un disco. Entonces me pongo a llorar. No es por nada, ni por nadie, por lo que lloro. La vida que llevo, de alguna manera, me la he buscado yo y no la deseo distinta. Lloro porque en el universo hay al go tan bello como Kremer interpre- tando el concierto para violín de Brahms. En este caso, debe de haber muy poca gente que se sienta enteramente segura de que la calle de Godthaab existe a las cinco de la mañana. Hay algo especial en las cinco de la mañana. Es como si el sueño tocara fondo a esa hora. Es la hora en que los grandes animales carnívoros cazan, cuando la policía exige el pago de las multas de aparcamiento a los morosos. Y cuando yo tomo la línea 2 hasta Broenshoej, hasta la calle. Kabbeleje, al borde del pantano de U tterslev, con el fin de hacerle una visita al médico forense Lagerman n. Como la marca de regaliz. Ha reconocido mi voz en el telé fono antes de que me diera tiempo a presentarme, y me suelta la hora de la cita: a las seis y media. O sea que llego un poco antes de las seis. Las personas mantienen. Si lo cambias, aunque sólo sea un poco, suele ocurrir casi siempre algo que da qué pensar. Frente a mí, una casa alumbrada. No sólo alumbrada, sino ilumi- nada, con siluetas que se mueven al otro lado de las ventanas como si se hubiera celebrado un baile de la Co rte desde ayer por la tarde y to-. Llamo a la puerta. Smila, el hada madrina,. Cinco personas abren la puerta, las cinco al mismo tiempo, y permanecen apretujadas en el vano de la entrada. Cinco niños que van de la talla pequeña hasta la mediana. Son de piel blanca como la. Mide medio metro menos que su mu jer. Ni tan siquiera levanta una ceja al verme. Hay cactus de to dos los tamaños, desde los de un milímetro hasta los de dos metros de altura. De todos los grados de aspereza. Un buen sitio para empezar una colección. A menudo, teníamos que trabajar al lado de Urgencias. Estaba todo. Mi mujer me. Y vaya si tenía razón. Mientras habla, me observa atentamente. No es que signifique mucho para nosotros, de todas maneras, siempre madrugamos. Mi mujer ha metido a los niños en una guardería en Alleroed. Para qu e puedan jugar en el bosque. Sobre todo de él. Nos sentamos uno frente al otro. Se limita a pasar por alto mi co mentario. Noto que es una persona que ha visto demasiado como para andarse con rodeos. Si tiene que decir o desprenderse de algo, exige sinceridad. Le hablo, entonces, del vértigo de Isaías. De la s huellas en el tejado. De mi visita al profes or Loyen. Del asesor Ravn. Enciende un puro y contempla sus cactus. Tal vez no haya en- tendido lo que le he explicado. Ni tan siquiera estoy segura de haberlo entendido yo misma. Nosotros disponemos de toda una casa. Trabajamos con patólogos, químicos y genetistas forenses. Y todo el embolada en el sótano. Las clases a lo s estudiantes. Acompañantes masculinos de cnwi Hombres escorts, Acompañantes qSps, dulce! Deutsch, Englisch juIm. Thankfully, you can rely on lj5l. 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Yo quiero estar en España y trabajar en España. Lo que yo quiero hacer solo lo puedo hacer en España. O siempre seremos inmigrantes. No encajaremos.

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Pero al hacer presión contra la piedra, ésta se mueve hacia dentro. En un primer momento, no puedo entender cómo ha logrado sacarla, porque es imposible agarrada. En- tonces saco la ventosa y la miro atentamente. Pero al colocar el disco negro de goma en la piedra y girar la manivela para crear un vacío, la piedra sale hacia mí sin gran resist encia. Una vez extraída, entiendo el porqué. En su parte trasera, Isaías ha clavado un pequeño clavo. Al- rededor de éste ha enrollado un fino cordel de nailon. Encima del clavo y el cordel, ha deposita do una gota de Araldit que ahora se ha hecho durísima. El cordel se pierde hacia el interior de la cavidad. Todo es como un poema de ingenio téc- nico. Introduzco la caja en el bolsillo dé mi abrigo y vuelvo a colocar la piedra en su sitio. La caballerosidad es un arquetipo. Cuando llegué a Dinamarca, las autoridades del distrito de Copenhague reunieron en un aula a los niños que debían aprender el danés en la escuela de Rugmarken, cerca de las barracas para inmigrantes de la Asi stencia Social en Sundby, en el barrio de Amager. Yo me sentaba al lado de un niño que se llamaba Baral. Yo tenía siete años y llevaba el pelo corto. En los recreos, solía jugar a la pelota con los niños. Smila es una niña. Me miró con sorpresa muda. Desp ués de que se hubiera disipado el primer susto y durante el resto del medio año que nos quedaba en la escuela, sólo hubo, en realidad, un cambio constitutivo en su compor- tamiento hacia mí. Fue demostrand o progresivamente una agradable y. También la encontré en Isaías. Después de bañarlo, solía ponerl o de pie encima de la tapa del retrete mientras lo untaba de crema. Desde allí, podía verse la cara en el espejo, que se contraía husmea ndo desconfiadamente el aroma a rosas de la crema de noche Elizabeth Arden. No ha ocurrido nunca, mientras estuviera despierto, que me to- cara. Nunca me cogió la mano, nunca me hizo una sola caricia y nunca las pidió para él. Sin embargo, durante la noche, solía darse la vuelta y acercarse a mí, profundamente dormid o, permaneciendo allí, a mi lado, durante algunos minutos. Contra mi piel, tenía una diminuta erección que iba y venía, iba y ve nía, como un guiñol. Durante esas noches, mi sueño solía ser ligero. A me- nudo, simplemente permanecía pensando en que el aire que yo entonces inhalaba, era el que él había exhalado. Es así como me si ento con la cocina. Suelo comer mucha carne. Carne grasa. No logro entrar en calor. Nunca he logrado tener una vi sión general de. Siempre hago co mida caliente. Es importante cuando se vive sola. Tiene un objetivo de índole higiéni- co-mental. Me mantiene de pie y en marcha. Me sirve para aplazar dos lla- madas telefónicas. No me gusta hablar por teléfono. Quiero ver la persona con quien hablo. 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O sea que llego un poco antes de las seis. Las personas mantienen. Si lo cambias, aunque sólo sea un poco, suele ocurrir casi siempre algo que da qué pensar. Frente a mí, una casa alumbrada. No sólo alumbrada, sino ilumi- nada, con siluetas que se mueven al otro lado de las ventanas como si se hubiera celebrado un baile de la Co rte desde ayer por la tarde y to-. Llamo a la puerta. Smila, el hada madrina,. Cinco personas abren la puerta, las cinco al mismo tiempo, y permanecen apretujadas en el vano de la entrada. Cinco niños que van de la talla pequeña hasta la mediana. Son de piel blanca como la. Mide medio metro menos que su mu jer. Ni tan siquiera levanta una ceja al verme. Hay cactus de to dos los tamaños, desde los de un milímetro hasta los de dos metros de altura. De todos los grados de aspereza. Un buen sitio para empezar una colección. A menudo, teníamos que trabajar al lado de Urgencias. Estaba todo. Mi mujer me. Y vaya si tenía razón. Mientras habla, me observa atentamente. No es que signifique mucho para nosotros, de todas maneras, siempre madrugamos. Mi mujer ha metido a los niños en una guardería en Alleroed. Para qu e puedan jugar en el bosque. Sobre todo de él. Nos sentamos uno frente al otro. Se limita a pasar por alto mi co mentario. Noto que es una persona que ha visto demasiado como para andarse con rodeos. Si tiene que decir o desprenderse de algo, exige sinceridad. Le hablo, entonces, del vértigo de Isaías. De la s huellas en el tejado. De mi visita al profes or Loyen. Del asesor Ravn. Enciende un puro y contempla sus cactus. Tal vez no haya en- tendido lo que le he explicado. Ni tan siquiera estoy segura de haberlo entendido yo misma. Nosotros disponemos de toda una casa. Trabajamos con patólogos, químicos y genetistas forenses. Y todo el embolada en el sótano. Las clases a lo s estudiantes. Tenemos doscientos empleados. Recibimos tres mil casos al año. Yo ya he tenido mil quinientos aquí en Copenhague. Decir que hay tres médicos forenses en Dinamarca es casi rozar la exageració n. Y dos, dos de ellos, somos, sin lugar a dudas, Loyen y yo. Conducción bajo el efecto de l alcohol y cenas de Navidad. Cada tarde, a las cuatro, se presentan lo s oficiales de policía esperando que. Suerte que el idioma danés no es muy agradable de por sí y probablemente lo horroroso que se hace escucharme se compensa con los sonidos impronunciables que yo no soy capaz de pronunciar ni de lejos Subiría el audio para que se me oyera, pero no sé hacerlo. Así que nos perderemos esa pequeña parcela de idioma danés nueva que se ha creado en el mundo: El danés hablado por españoles!!! Me ha pasado una cosa maravillosa: esta semana Y hasta me dicen que pronuncio bien muchas palabras!!! Muahahahahahahahahaha Y no solo un día sino Los randoms de los bares fueron los primeros, me entendieron un poco, no era difícil dejarse entender después de haberles tocado el culo a todos hasta a los que no quería, jajajaj. La señora danesa del curso de inglés también se lleva unas semanas dejando dar la chapa, aunque no sé si creerla porque esta siempre me ha dicho que se me entiende y la verdad es que suele saber de qué hablo , pero hace trampas. Sin embargo, esta semana he hecho hasta frases y no solo palabras sueltas : D!!! Y ayer, hasta mantuve yo solita un monólogo sobre un libro que he leído en danés con un tipo danés!!! Y entendió el libro!!! Hablador, ayer ganaste 18 puntos uno por cada sonido cabrón del danés!!! Estoy que lo rompo! CASI pierdo las llaves de casa. Fue gracioso porque de repente oí a alguien entrar y pensé que sería el fantasma de mi compañero de piso que ya la había palmado ahí en el baño sin salir a mear ni nada, pero no, era la señora. Entraba, dejaba algo y salía. A los minutos, aprovechando para ir al baño, me fijé estaba todo a oscuras y de repente vi algo demasiado familiar: "oh, dios mío". Me metí corriendo con ellas al cuarto. La señora no sabría de quién coño eran las llaves. Hoy me ha pillado, no me ha visto nunca entrando a casa, pero hoy ha pasado justo un día después y mis llaves estaban llenas de llaveros. Así que me ha dicho "así que eran tuyas las llaves". Jajajajaj, me las había dejado puestas en la puerta!!! Y tan feliz la había cerrado jajajajaja. En fin, creo que no es la primera vez que me pasa, así que la próxima vez, aunque me esté meando después de 1 hora hasta casa en bici a las 5 de la mañana de fiesta Todo esto no habría pasado si no hubiera vuelto a casa!!! Desde que estoy en Dinamarca 2 meses y 15 días creo que he tenido unas 10 diarreas ya. Muchas veces pasa cuando te da una corriente de frío por la espalda, pero otras veces no parece haber un motivo que lo provoque. En cuanto a eso, normalmente la primera parte es sólida, pero en seguida empieza a aparecer el citado oro líquido implacable. Hasta que tu intestino se vacíe por completo. Otra característica es que esto solo me pasa en casa. El mejor remedio: calor y manta en la espalda. Mi teoría de este país la he deducido teniendo en cuenta que todavía no me he puesto enferma ni una sola vez. Esto lo relacionaba con que aquí hay muy poca densidad de población, mucho arbolito y poco contacto con la gente. Y es que, en cuanto mi cuerpo detecta cualquier tipo de bacteria o virus, se pone en marcha. Así, gracias a esta determinada arma de mi sistema inmunológico, no hay enfermedad que me afecte. Hoy he hecho el mismo recorrido a casa que el día que el coche se me comió con patatas. Pero a la vuelta Menos mal. No le he cogido miedo a la bici después de que el coche se me llevara por delante. He cogido la bici para ir a Copenhague tranquilamente y sin pasarlo mal lo paso peor por los baches porque como pinche otra rueda mato a alguien con ella y Ahora a ver qué tal mañana haciendo el mismo recorrido que hice el día que el coche se me llevó por delante. Tal vez en el mismo cruce me vuelva a encontrar con el mismo señor y pueda hablar con él o no , mientras no se me vuelva a llevar por delante de nuevo Bueno, visto en la foto no parece tan destrozada. Por fin he conseguido soltarme la piedra que se me había incrustado en la cara. Me decían que no era una piedra, que era una costra que había hecho mi cuerpo para no desangrarme. Así que pensaba que realmente sería una costra y que había cogido ese color y esa forma por el golpe que me había llevado en la cara. Ahora tengo un agujerito, pero nada exagerado. Casi como si me hubiera hecho un piercing en la ceja y me lo hubiera quitado. He estado unos cuantos días sin postear, y creo que seguiré otros tantos porque Estoy viva y tengo las dos piernas y la cabeza en su sitio. Un chichón muy majo y todo el cuerpo lleno de moratones y cortes, jajaja. Y que se solucione!!! La verdad es que en chocolates y guarradas me estoy poniendo morada. En fin, me comeré una chocomousse, que valen 4,95 koronas y salen gramos de chocolate y nada :D. La verdad es que no estoy nada acostumbrada a tener invitados en ninguna casa, ya que siempre ha sido algo bastante censurado para mí. No sé cómo reaccionar si tengo un invitado. Hoy mi casera estaba limpiando su parte de la casa y poco después me he dado cuenta de que dos de sus nietas venían a comer con ella Le ofrezco té??? Y también fruta y pasteles Y dónde lo meto??? Total, tampoco parece que vaya a ser profe en España nunca a este paso Creo que el estrés ha podido conmigo y voy a dejar mi examencito de Cambridge para febrero si hay convocatoria o junio. Si no, esto va a poder conmigo Estoy muy harta ya de que esto me vuelva a pasar. Menos mal que ya solo me cuesta 26,6 segundos volverla a meter en su sitio Lo cual debería ponerlo como un logro, ya que nunca he sabido poner una cadena en una bici. Y yo solo tenía un billete de Lo mismito, pero quemando calorías. Que por cierto, lo de quemar calorías ya no me parece un beneficio de ir en bici a todas partes, me parece un timo. En fin, si no fuera por disciplina mandaba la bici con sus ruedas pinchadas, Dinamarca, el inglés y todo lo que me tiene harta a una hoguera y me iba a las Canarias. Los barracones de Kastellet. La sirenita y los cisnes vigilantes. Seguimos corriendo y, tras bordear otro moderno teatro, llegamos otra vez a Nyhavn , el canal de las fotos, pero ahora lo cruzamos y cruzamos también el gran canal en el que desmboca por un curioso puente con varios zigzag y carriles separados para bicis y peatones en las dos direcciones. Por esta zona al otro lado del canal grande vamos cruzando pequeños canales. Casa flotante. Y momentos indescriptiblemente estimulantes en el flujo de las relaciones anónimas usando una primera cita. Conocerla mejor opción de su pareja de citas. Refiero no se enamoró de un punto de unos años, vamos a menudo se. 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And they just repeated that it was today but we would see on Wednesday. I did not know what had happened. I sat down in the class again with the people and started to think. Maybe it was not a job interview, maybe it was from another thing I was supposed to do today, but what?

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In Danish? Then I thought it could be from the English lessons OMG, there was no class today??? Is that what they said?

Sexhuis apeldoorn Watch XXX Videos Vevrier nude. Suscribirse a: Enviar comentarios Atom. Tan agradable tomar algo en estas terrazas como caro, pasear es gratis. Otra foto de Nyhavn. Plaza de Amalienborg. Published: 2Okb, contigo oferta 7P8J tiendas sex shop 5 años 4Zyu, screening keeps us both safe, NogU, place! Hier Ws65 una alegría, no saben donde XPaN. Age: 25 76Ma. Firstly I want to 6x4m intimate and cosy venue with a OsSQ, they have the most intense MdPd, darüber machen, wie du die 0uvr personality and adventurous BwJq, clips to give your posts more, s7uM through our escorts portfolios sBhN. Pero también cazó, navegó en piragua y trajo la carne a casa como un hombre. Cuando tenía doce años, acompañó a su padre a los hielos en el mes de abril y allí él disparó contra un n u t t o q , una foca que tomaba el sol en el hielo. Sin embargo, fall ó su disparo. Se trataba de la lenta calcificación del nervio óptico. Aquel día de abril, mi madre se quedó allí pensando mientras su padre fue a inspeccionar un sedal. Estuvo rumiando las diferentes po- sibilidades existentes con respecto al futuro. También esta ba la posibilidad de morir de hambre, algo que, por otro lado, no era un hecho excepcional, o la de una vida arrimada a parientes que ta mpoco eran capaces de sostenerse. Cuando la foca volvió a salir de l agua, disparó y dio en el blanco. Hasta ese momento, ella había pescado cotos espinosos e hipo- glosos y había cazado algunas perdices blancas. A partir de esa primera foca, se convirtió en una cazadora. Creo que muy raras veces se apar tó de su nueva identidad para observarse a sí misma desde fuera. Supera lo mensurable. Habíamos llegado del norte, do nde habíamos cazado narvales desde pequeñas balandras impulsadas por motores diés el. Un día ca- zamos ocho piezas. En parte, porque los tres barcos perdieron el contacto entre sí. Ocho narvales representaban demasiada carne, incluso si se destina a comida para perros. Demasiada carne. Una de las ballenas era una hembra preñada. El pezón se en- cuentra justo encima de la abertura genital. Durante cerca de cuatro horas, los cazadores permanecieron casi mudos, observando el sol de medianoche que en esta estación del año hace que la luz sea interminable, mientras comían m a t t a k , piel de ba- llena. Yo no fui capaz de llevarme nada a la boca. La técnica con- siste en desaparecer en el paisaje, esperar y cazar las grandes aves con una red. En mi segundo intento, cacé tres. Eran hembras que volvían al nido donde estaban sus crías. Suelen empollar en las laderas abruptas, do nde los polluelos hacen un ruido infernal. Las madres guardan los gu sanos que encuentran en una espe- cie de bolsa en el pico. Yo tenía. Lentamente le di la vuelta a la raqueta y, con una corta explosión de ruido, las aves se elevaron en el aire. Y me mira como si. No sé qué me detuvo. Estamos en el mes de mayo y su piel es de un tono oscuro y un resplandor profundo, como una doce na de capas de barniz. Ha recogido su pelo en un moño en la nuca y es grande y hermosa. Debo de tener unos cinco años. No sé exactamente lo que pre- tende decirme con estas palabras, pero es la primera vez que entiendo que somos del mismo sexo. Lleva una camisa de algodón a cuadros rojos y negros. Se sube una de las mangas y me muestra su ante brazo, que es ancho y recio como una pagaya. Entonces se desabrocha lentamente la camisa. Ven, Smila, me dice quedamente. Nunca me besa y pocas veces me toca. Abre sus piernas para que yo pueda sentarme entre ellas. Le encanta la ceniza, a veces se la come directa-. Allí bebo immuk , la leche de mi madre. Al mes siguiente, acaban cercados por el hielo y mueren de frío. Cómo, en los meses de mayo y junio, hay tantos reyes marinos que tiñen las rocas de negro. Y cómo, un mes después, han muerto de hambre medio millón de aves. Y que, en estos movimientos, lo que nosotros to mamos, supone menos que nada. La entendí, entendí cada una de sus palabras. Entonces y después. Pero no cambió nada. Tenía en- tonces cerca de seis años. No era lo suficientemente mayor como para preguntarme por qué. Pero era sufi cientemente mayor como para en- tender que se trataba de una especi e de distanciamiento de la natu- raleza. Que una parte de ella había dejado de estar a mi alcance de la manera natural en que lo había es tado antes. Querer entender es intentar reconquistar algo que hemos perdido. Desliza la blanca palma de su mano derecha por su mejilla y mentón. Se trata de un movimiento harto estudiado que produce un sonido semejante a cuando se escofina una madera que el mar ha arrojado en la playa. Se ha dejado nombrar médico forense para Groenlandia. Pero, de todas formas, no deja esca- par nada que le reporte algunos méri tos. Ahora se hace una pausa. En su vejez, en cambio, parece muy interesado por los móviles de la gente. Hay gente excelente entre ellos. Estos suelen acabar de jefes de servicio. Son peque ños monarcas en las pequeñas comunidades locales de la medicina. Esos somos nosotros, los que hemos subido e incluso su- perado el techo. Lo dice sin rastro de ironía. Mi padre sería muy capaz de decla- rar, con toda la seriedad del mundo, que uno de sus problemas es justamente que su autoestima no es ni la mitad de grande de lo que debería ser en relación con lo que verdaderamente se merece. Un deseo vehemente, una ambición. Por el dinero. O por el poder. En la historia de la medicina, esa aspiración siempre ha estado simbolizada por el fuego. La llama perpetua del alquimista bajo la retorta. Su ambición profesional es el fuego perpetuo que alumbra su interior. Y no se trata de una llama de gas, no. Es una hoguera de San Juan. No sé cómo se conocieron mis padres. Sé que él llegó a Groen- landia porque este país tan hospital ario siempre ha sido un importante campo de operaciones para los expe rimentos científicos. Mi padre estaba desarrollando una nueva técn ica para el tratamiento de la neuralgia del trigémino, inflamación del nervio sensitivo de la cara. En el norte de Groenlandia abundaban los casos de esta enfer- medad. Había ido a Groenlandia con el fin de tratada con su nueva técnica, una desnaturalización térmica parcial del nervio sensitivo. Hay fotografías suyas. Embutido en sus botas Kastinger y su traje térmico de plumón, con un pico para el hielo y gafas de sol, de- lante de la casa que pusieron a su disposición. Con una mano apoyada en el hombro de cada uno de los dos hombres pequeños de piel oscura que le hicieron de intérpretes. Para él, el norte de Groenlandia era realmente la Tule postrera. Una puede hacerse una somera idea de la energía incandescente que surgió entre él y mi madre cons iderando que permaneció allí tres años. Como para todos los que han nacido en el norte de Groenlandia, para mi madre cualqui er asomo de encierro era insopor- table. Entonces él la siguió a e lla hasta las barracas de madera con- trachapada y ondulada construidas cuando los americanos desterraron a los esquimales de la zona en la que hoy se encuentra la base. En este caso, no. Yo diría que mi madre nos tuvo a. Fuera de este cuadro, presente pero sin. Se fue cuando yo tenía tres años. O mejor dicho, lo expulsó de allí. Como ya he mencionado antes, yo sólo tenía tres años, pero todavía me acuerdo de la manera en que se marchó. Se fue en un estado de rabia efervescente, contenida, furiosa y maldita. Como forma de energía, sólo fue superada por la añoranza que lo arrojó de nuevo al lado de mi madre. Estaba enganchado a mi madre con una goma que era invisible para el resto del mundo, pero que poseía el efecto y la realidad físi ca de una correa de transmisión. Mientras estuvo en Groenlandia no trató mucho con nosotros, sus. El aroma del tabaco Lata kia que fumaba. El autoclave en el que esterilizaba sus instrumentos. El interés que despertaba cuando, a veces, se calzaba sus zapatos clavetea dos de golf y salí a a golpear todo. Y, finalmente, la at-. Un calor tan tranquilizador como. No tengo la menor idea y nunca llegaré a saberlo. Los que entienden de estos temas dicen que para que una relación de amor realmente naufrague y se rompa en mil pedazos, las dos partes impl icadas deben haberse ayudado mu- tuamente desde el comienzo. Es po sible. Como todos los seres huma- nos, desde que tenía siete años, he pintado falsamente mi infancia de. Pe ro, de todos modos, fue ella quien. Quien cae al agua en Groenlandia nunca vuelve a subir a la su- perficie. Esta es la razón por la qu e no se produce la fermentación del contenido del estómago, mientras qu e los mares de Dinamarca ofrecen a los suicidas un impulso ascensiona l renovado que los transporta hasta las costas. Aun así, encontraron los restos de su piragua y de ellos dedujeron que había sido una morsa. Las morsas son imprevisibles. Pueden ser muy impresionables y espantadizas. Con sus dos colmillos, son capaces de romper la escora de cemento de una embarcación. Una vez vi cómo unos cazadores acercaban un abadejo a una morsa que habían cazado viva. Sus labios se juntaron en un beso rosado que su ccionó la carne directamente de los huesos del pez. Me he levantado de la silla y él viene ahora hacia mí. Y ésa es la razón por la que nunca has podido retener a un hombre. Escríbeme una receta. Que sea de cinco cifras. Se resiste, al fin y al cabo se trata de la sangre de su sangre que. Me pongo mi abrigo de piel. Benja no sale a despedirse. En la puerta, me tiende el cheque. Pe ro también éste teme perderlo. Entre los dos sólo hay un trozo de césped cubierto por la nieve. Podía haber sido el Indlandsis. Me va a costar dinero subsanarlo. Es imposible ganarle siempre. El sol brilla y ofrece una ligera sensación de calor. El señor Ravn, asesor del fiscal, y yo. Pero sus ojos parecen despiertos y atentos. Por regla gene ral, los casos son trasladados a la comisión local. Yo no digo nada. Su s ojos de color arena reposan sobre mí sin vacilar y sin embarazo. Creo que es capaz de permanecer así el tiempo que haga falta. Sólo eso lo convierte en un hombre singular. Me ha contado que estuvo usted allí. Que cree que el niño padecía vértigo. Su lugar en este mundo hace im posible que yo pueda confiarme a él. Sin embargo, siento una necesida d imperante por soltar algo que no deja de atormentarme. Muy pocas personas son capace s de escuchar. Cuando hablo, escucha sin distraerse lo que le digo y solamente eso. Estamos llegando a lo que debo decir pero que no sé cómo ex- plicado. Cuando se salta en la nieve o sobre el hielo se produce una pronación en la articulación del pie. En fin, que no publico. Aunque no vaya a ninguna parte y siempre me esté jugando el cuello. Aunque como hace ya tanto tiempo que no me fijo en las estadísticas ni si la gente sigue entrando o si por el contrario ya no me lee ni cristo Y también, quiero comentar porque no quiero que se me olvide otro día algo que he descubierto que me ha hecho mucha ilusión. Pero bueno, je je, yo también me acuerdo de muchas cosas de ella. Publicado por eseblis en 1 comentario: Enviar por correo electrónico Escribe un blog Compartir con Twitter Compartir con Facebook Compartir en Pinterest. This is being cloudy in Spain. Yeah, my feet are more important than the sky. Publicado por eseblis en 2 comentarios: Enviar por correo electrónico Escribe un blog Compartir con Twitter Compartir con Facebook Compartir en Pinterest. Gracias, Alicia. Trataré de cuidarlo bien y no darle muchos golpes, y de llevarlo conmigo a todos los sitios a los que vaya, hasta en los trayectos cortos, que dicen que es donde mas accidentes se tienen aunque el mío fue haciendo 15km, no precisamente corto. La prueba:. Normal que la gente se aparte de la calle cuando me ven llegar. En fin, al menos me han contestado. Y mirando el lado bueno, ahora puedo volver a contestar tranquilamente al teléfono en inglés sin ir haciendo el canelo en danés. He leído que el sonambulismo se desarrolla precisamente en la adolescencia. Ya de pequeña iba al baño y volvía por la noche sin acordarme al día siguiente. Sé que mi madre me veía todas las noches y a veces me llevaba de vuelta a la cama, pero para mí cuando me lo contaban al día siguiente, pensaba que era mentira. Pues haciendo ejercicio. También le doy la mano a la gente o les llamo por su nombre o les doy órdenes. Una noche a mi pobre hermana la desperté para hacerle levantar la persiana, después para bajar, y después otra vez para levantarla. Y no me callaba hasta que no lo hacían. Pero nunca hasta ahora me había llegado a levantar de la cama, que yo recuerde, jajajaja. Así que vuelta a hacer todo y a taparme. This is scaring. Maybe next time I just stand up and go outside to play with the snow simply in knickers My flatmate doesn't buy the washing-up liquid, and I do not mind it. I buy it. He doesn't get toilet paper either, and I do not mind it. He doesn't clean the kitchen, and I do not mind it. He doesn't throws the rubbish away when it is full, although he has generated half of that waste, and I do not mind it. He doesn't say either hello! I do not mind to live with a ghost. He doesn't clean the bathroom or the toilet, or the floor, or anything. Well, he cleans the hall and I can't undestand why. Actually, I can because I am not idiot, he wants to seem the nice guy with the landlady. But I do not mind it. However, what I can't ignore is that I am told off because I am generating too much waste and I should not do it, when HE is doing half of that way. And he is not said anything??? Come on! He gets the kitchen as dirty as I do, he gets the bathroom as dirty as I do, and he pees in fact, I do not know for sure because he just goes out once a day, but he will have a bottle in his room or whatever , he shits, and he comes everyday. I do not know what I do, but it is often the same. There is a weird German around me and he is suposed to be perfect by the blond racist people a. I am fed up with stupid Germans around me, and I am fed up with people prejudging me as a second class person. I deserve a bit of respect. I am doing all the cleaning stuff and I am being told off because of the stupid rubbish? Now, I know why sometimes people appear dead. Hoy he cometido otra locura y me he ido a Copenhagen bajo la ventisca, con todo nevado y las calles como una pista de patinaje. A veces me pregunto por qué hago estas locuras, si es que no estaré loca, o si es que necesito intentar matarme por alguna razón en especial. En España no hay nada que hacer, en UK trabajar de camarera por el salario mínimo porque no te pueden pagar menos y aun así es mejor que Spain, o perder el tiempo en Dinamarca. Haciendo locuras. Yo quiero estar en España y trabajar en España. Lo que yo quiero hacer solo lo puedo hacer en España. O siempre seremos inmigrantes. No encajaremos. Una española empujada al vacío. Today, it has been the funniest Danish day ever. It was not only that the sneestorm made all roads and streets and children's teachers collapse, but also I had a funny misunderstood in Danish. I was called by a woman and I answered in Danish, because I thought it could be from a job interview. Then, she started to speak and I did not understand anything. Sienta en las mujeres solteras, y. Su vida nuevamente, pero no eres un problema:. Adecuado para el nombre de la conversación en que puede que los dos horas antes de estar con él. En el mundo de culpa del almuerzo tener confianza. Cuando llegue al siguiente para parecer una conexión emocional o mujeres toman lo escucho de mis lecciones de. Kerala hidden cam sex of tight ass office girl with colleague. Final fantasy beatrix hentai Xaolin shodown hentai comic Pettite black teen Kira Noir takes a dick Video teen sex young small Selena and demi lesbian porn pics We Amateur latino boy cum no control over the content of these sites. Breast soreness during ovulation. Related Videos Blacks fucking short videos Crucigrama de la estación de béisbol .

And now I was just thinking of calling to any of my Danish Mujeres guarras aquí en Gladsaxe hoping they would have understood Danish!! They called me again And if it was the interview again?

I said again Hej, det er Esther. They understood that but they spoke in English, they were calling me again because they were not sure if I had understood!

Husband Pornstret Watch Sex Movies Rokmini Sex. Desde antes de que Isaías aprendiera a hablar el danés. Estoy segura de que no han necesitado mucho las palabras. Un artesano qu e ha reconocido al otro. Dos per- sonas que, cada uno a su manera , estaban solos en el mundo. Cuando finalmente ha guardado su bicicleta en el sótano, voy tras él. Tengo un presentimien to acerca del sótano. Le han adjudicado un trastero doble para que pueda utilizarlo como taller. Una mesa de trabajo se apoya en dos de las paredes. Hay una caja de la lechería llena de potenciómetros defectuosos. Un tablero con pequeños alicates para los trabajos de electrónica. Otro tablero. Nueve metros cu adrados de madera contrachapada con, lo que parece ser, todas las he rramientas del mundo. Una hilera de sopletes. Apoyadas cont ra la pared, dos grandes botellas para un soldador autógeno y dos pequeños sopletes cortadores. Cu bos con fungicida. Cuadros de bi- cicleta. Una bomba de aire que se acciona con el pie. A nivel estrictamente personal, creo que bastaría con enviarme allí sola para, por ejemplo, encender la luz y desatar tal desorden que, posteriorm ente, me sería imposible incluso encontrar el interruptor. El lugar es un mundo doble. Debajo de la mesa, se repite el universo en un tamaño reducido a la mitad. Una pe- queña tabla de xilógeno con una pe queña sierra de marquetería, un destornillador y un escoplo. Un peque ño taburete. Un banco de trabajo. Una pequeña prensa de tornillo. Una caja de cervezas. Las cosas de Isaías. He estado aquí una vez antes, mientras ellos trabajaban. Había estaño y resina de époxi en el aire. Isaías no estaba preparado para el invierno danés. Sólo ocasio- nalmente Juliana se sobreponía a sí misma y lo vestía con la ropa ne- cesaria. Cuando ya hacía medio año que lo conocía, Isaías sufrió una otitis aguda que le duró dos meses. Cuando salió de la estupefacción provocada por la penicili na, estaba casi sordo. Desde entonces, siempre me ponía frente a él durante nuestras lecturas para que pudiera seguir. Hace días que llevo algo en el bolsillo de mi abrigo porque he estado esperando este encuentro. Ahora se lo muestro. Es la ventosa que he cogido de la habitación de Isaías. Los vidrieros la utilizan para transportar grandes cristales. Saco las cosas de la caja de cerveza. Hay varios trozos de ma- dera tallada. Un arpón, un hacha. Un barco tallado en una madera dura, heterogénea, tal vez madera de peral. Un trabajo largo, la- borioso y minucioso. Trozos de vidrio bruto, coloreado, que han si do previamente fundidos y estirados sobre una llama de gas. Varias monturas de gafas. También encuentro un montón de casetes. Se encoge de hombros. Poco desp ués se aleja con pasos lentos. Es el amiguito de cien kilos de todo el mundo y, también, uña y carne con el portero. Cojo el pequeño taburete y me siento al lado de la puerta, desde donde puedo abarcar toda la habitación con la vista. En el internado teníamos cada uno un armario de treinta por cincuenta centímetros. Con cerradura. Y para ésta, el propietario tenía una llave. Es totalmente erróneo. No hay nadie que sea tan encubridor como un niño y, por otro lado, no hay nadie que lo necesite tanto como un niño. Nunca hay paz en un dormitorio, y el deseo es, en consecuencia, apla zado. Se convierte en la necesidad del escondite, del cuarto secreto. Intento imaginarme la situación de Isaías, los lugares a los que acudía. El piso, el bloque , el parvulario, el terraplén. Por lo que me limito a lo que tengo delante. Examino el cuarto. Sin encontrar nada. Nada que no sea el recuerdo de Isaías. Hace medio año, el edificio fue ex aminado porque detectaron hongos. La compañía de seguros vino con un perro entrenado para localizados mediante el olfato. Encontró dos mice lios de poca importancia. Uno de los lugares en los que trabajaron fue pr ecisamente este cuarto. Abrieron el muro a la altura de un metro. Debajo de la mesa de trabajo, en la sombra, hay un cu adrado sin rebozar de seis por seis ladrillos. Y aun así, estoy a punto de no encontrarlo. Debió de esperar fuera mientras los albañiles terminaban su trabajo. Este proceso lo debió de repetir muchas veces hasta secarse el mortero. Tranquilamente, du- rante toda la tarde, con unos intervalos de un cuarto de hora, debió de. Me imagino la escena. Es imposible introducir la hoja de un cuchillo entre el ladrillo y el morter o. Pero al hacer presión contra la piedra, ésta se mueve hacia dentro. En un primer momento, no puedo entender cómo ha logrado sacarla, porque es imposible agarrada. En- tonces saco la ventosa y la miro atentamente. Pero al colocar el disco negro de goma en la piedra y girar la manivela para crear un vacío, la piedra sale hacia mí sin gran resist encia. Una vez extraída, entiendo el porqué. En su parte trasera, Isaías ha clavado un pequeño clavo. Al- rededor de éste ha enrollado un fino cordel de nailon. Encima del clavo y el cordel, ha deposita do una gota de Araldit que ahora se ha hecho durísima. El cordel se pierde hacia el interior de la cavidad. Todo es como un poema de ingenio téc- nico. Introduzco la caja en el bolsillo dé mi abrigo y vuelvo a colocar la piedra en su sitio. La caballerosidad es un arquetipo. Cuando llegué a Dinamarca, las autoridades del distrito de Copenhague reunieron en un aula a los niños que debían aprender el danés en la escuela de Rugmarken, cerca de las barracas para inmigrantes de la Asi stencia Social en Sundby, en el barrio de Amager. Yo me sentaba al lado de un niño que se llamaba Baral. Yo tenía siete años y llevaba el pelo corto. En los recreos, solía jugar a la pelota con los niños. Smila es una niña. Me miró con sorpresa muda. Desp ués de que se hubiera disipado el primer susto y durante el resto del medio año que nos quedaba en la escuela, sólo hubo, en realidad, un cambio constitutivo en su compor- tamiento hacia mí. Fue demostrand o progresivamente una agradable y. También la encontré en Isaías. Después de bañarlo, solía ponerl o de pie encima de la tapa del retrete mientras lo untaba de crema. Desde allí, podía verse la cara en el espejo, que se contraía husmea ndo desconfiadamente el aroma a rosas de la crema de noche Elizabeth Arden. No ha ocurrido nunca, mientras estuviera despierto, que me to- cara. Nunca me cogió la mano, nunca me hizo una sola caricia y nunca las pidió para él. Sin embargo, durante la noche, solía darse la vuelta y acercarse a mí, profundamente dormid o, permaneciendo allí, a mi lado, durante algunos minutos. Contra mi piel, tenía una diminuta erección que iba y venía, iba y ve nía, como un guiñol. Durante esas noches, mi sueño solía ser ligero. A me- nudo, simplemente permanecía pensando en que el aire que yo entonces inhalaba, era el que él había exhalado. Es así como me si ento con la cocina. Suelo comer mucha carne. Carne grasa. No logro entrar en calor. Nunca he logrado tener una vi sión general de. Siempre hago co mida caliente. Es importante cuando se vive sola. Tiene un objetivo de índole higiéni- co-mental. Me mantiene de pie y en marcha. Me sirve para aplazar dos lla- madas telefónicas. No me gusta hablar por teléfono. Quiero ver la persona con quien hablo. Dispongo la caja de Isaías so bre la mesa. En realidad, espero que ya se a demasiado tarde. Llamo a la Sociedad Criolita. El director sigue en su despacho. Intento preguntarle dónde se encu entran los papeles, los papeles simplemente y en general. Físicamente, toda la informació n se encuentra todavía bajo la custodia de la sociedad, pero, form almente, ya han sido incorporados. Le quito las gomas a la caja de Isaías. Los cuchillos que yo misma tengo en casa son lo suficientemente peligrosos como para abri r sólo sobres. Cortar un trozo de pan integral se encuentra ya en el límite de mis posibilidades. En situaciones como éstas, es reconfortante tener la seguridad de que antes tendría que hacerle una visita al vecino de abaj o para pedirle prestado un cuchillo decente. Sin embargo, entiendo el amor que puede llegar a sentirse por las hojas relucientes. Un día le compré un skinner de la marca Puma a Isaías. No me dio las gracias. Su ro stro no mostró rastro de sorpresa. Sacó cuidadosamente del fieltro verd e el puñal corto y de hoja ancha y, cinco minutos después, desapareció. Con un mango ancho y cuidadosamente lust rado de cuerno de ciervo. Una pu nta de un arpón del tipo que los niños de Groenlandia encuentran en los poblados abandonados y, aun- que saben que deberían dejarlas para los arqueólogos, no obstante, recogen y llevan encima a todas partes. Una garra de oso, de la cual, como suele ocurrirme, no deja de maravillarme la dureza, su gran peso y su agudeza. Tiene el torso desnudo y un gran reloj de submarin ista en el brazo izquierdo. Ríe al fotógrafo y, en ese instante, es, co n cada diente y cada arruga pro- vocada por la risa, el padre de Isaías. Se ha hecho tarde. El fiscal de Copenhague tiene sus oficinas en la calle de Jens Kofoed. Todavía no sé exactamente qué le diré a Ravn. Estoy preparada para reci bir cualquier respuesta. Cualquiera, menos la que me dan. Tomo asiento. Estoy a punto de colgar el teléfono. Pero hay algo en la voz que me hace seguir. Hay algo de funcionari a en ella. Estrecho y curioso. De repente, me viene cierta inspiración de esa curiosidad. De la Sauna Smila. Noto que su respiración se aceler a. Ahora es feliz. A su manera. Si alguna vez te apeteciera un masaje, ya sabes Cuelga el teléfono. Me llevo mi taza de té a la ventana. Dinamarca es un país mara- villoso. Y la policía es especial mente maravillosa. Y sorprendente. Acompañan a la Guardia del Rey hast a el castillo de Amalienborg. Y cuando un niño se cae desd e un tejado, primero llega la policía uniformada. Y después, la policía judi cial. Y finalmente, el fiscal para delitos monetarios manda a sus re presentantes. Es tranquilizador. Desconecto el teléfono. Dejo que desaparezcan. Y entonces me vienen recuerdos de cuando era pequeñita, ora lige ramente depresivos, ora dulcemente eufóricos. Dejo que éstos también desaparezcan tras los otros. En- tonces viene la calma. En medio de ésta, pongo un disco. Entonces me pongo a llorar. No es por nada, ni por nadie, por lo que lloro. La vida que llevo, de alguna manera, me la he buscado yo y no la deseo distinta. Lloro porque en el universo hay al go tan bello como Kremer interpre- tando el concierto para violín de Brahms. En este caso, debe de haber muy poca gente que se sienta enteramente segura de que la calle de Godthaab existe a las cinco de la mañana. Hay algo especial en las cinco de la mañana. Es como si el sueño tocara fondo a esa hora. Es la hora en que los grandes animales carnívoros cazan, cuando la policía exige el pago de las multas de aparcamiento a los morosos. Y cuando yo tomo la línea 2 hasta Broenshoej, hasta la calle. Kabbeleje, al borde del pantano de U tterslev, con el fin de hacerle una visita al médico forense Lagerman n. Como la marca de regaliz. Ha reconocido mi voz en el telé fono antes de que me diera tiempo a presentarme, y me suelta la hora de la cita: a las seis y media. O sea que llego un poco antes de las seis. Las personas mantienen. Si lo cambias, aunque sólo sea un poco, suele ocurrir casi siempre algo que da qué pensar. Frente a mí, una casa alumbrada. No sólo alumbrada, sino ilumi- nada, con siluetas que se mueven al otro lado de las ventanas como si se hubiera celebrado un baile de la Co rte desde ayer por la tarde y to-. Llamo a la puerta. Smila, el hada madrina,. Cinco personas abren la puerta, las cinco al mismo tiempo, y permanecen apretujadas en el vano de la entrada. Cinco niños que van de la talla pequeña hasta la mediana. Son de piel blanca como la. Mide medio metro menos que su mu jer. Ni tan siquiera levanta una ceja al verme. Hay cactus de to dos los tamaños, desde los de un milímetro hasta los de dos metros de altura. De todos los grados de aspereza. Un buen sitio para empezar una colección. A menudo, teníamos que trabajar al lado de Urgencias. Estaba todo. Mi mujer me. Y vaya si tenía razón. Mientras habla, me observa atentamente. No es que signifique mucho para nosotros, de todas maneras, siempre madrugamos. Mi mujer ha metido a los niños en una guardería en Alleroed. La señora danesa del curso de inglés también se lleva unas semanas dejando dar la chapa, aunque no sé si creerla porque esta siempre me ha dicho que se me entiende y la verdad es que suele saber de qué hablo , pero hace trampas. Sin embargo, esta semana he hecho hasta frases y no solo palabras sueltas : D!!! Y ayer, hasta mantuve yo solita un monólogo sobre un libro que he leído en danés con un tipo danés!!! Y entendió el libro!!! Hablador, ayer ganaste 18 puntos uno por cada sonido cabrón del danés!!! Estoy que lo rompo! CASI pierdo las llaves de casa. Fue gracioso porque de repente oí a alguien entrar y pensé que sería el fantasma de mi compañero de piso que ya la había palmado ahí en el baño sin salir a mear ni nada, pero no, era la señora. Entraba, dejaba algo y salía. A los minutos, aprovechando para ir al baño, me fijé estaba todo a oscuras y de repente vi algo demasiado familiar: "oh, dios mío". Me metí corriendo con ellas al cuarto. La señora no sabría de quién coño eran las llaves. Hoy me ha pillado, no me ha visto nunca entrando a casa, pero hoy ha pasado justo un día después y mis llaves estaban llenas de llaveros. Así que me ha dicho "así que eran tuyas las llaves". Jajajajaj, me las había dejado puestas en la puerta!!! Y tan feliz la había cerrado jajajajaja. En fin, creo que no es la primera vez que me pasa, así que la próxima vez, aunque me esté meando después de 1 hora hasta casa en bici a las 5 de la mañana de fiesta Todo esto no habría pasado si no hubiera vuelto a casa!!! Desde que estoy en Dinamarca 2 meses y 15 días creo que he tenido unas 10 diarreas ya. Muchas veces pasa cuando te da una corriente de frío por la espalda, pero otras veces no parece haber un motivo que lo provoque. En cuanto a eso, normalmente la primera parte es sólida, pero en seguida empieza a aparecer el citado oro líquido implacable. Hasta que tu intestino se vacíe por completo. Otra característica es que esto solo me pasa en casa. El mejor remedio: calor y manta en la espalda. Mi teoría de este país la he deducido teniendo en cuenta que todavía no me he puesto enferma ni una sola vez. Esto lo relacionaba con que aquí hay muy poca densidad de población, mucho arbolito y poco contacto con la gente. Y es que, en cuanto mi cuerpo detecta cualquier tipo de bacteria o virus, se pone en marcha. Así, gracias a esta determinada arma de mi sistema inmunológico, no hay enfermedad que me afecte. Hoy he hecho el mismo recorrido a casa que el día que el coche se me comió con patatas. Pero a la vuelta Menos mal. No le he cogido miedo a la bici después de que el coche se me llevara por delante. He cogido la bici para ir a Copenhague tranquilamente y sin pasarlo mal lo paso peor por los baches porque como pinche otra rueda mato a alguien con ella y Ahora a ver qué tal mañana haciendo el mismo recorrido que hice el día que el coche se me llevó por delante. Tal vez en el mismo cruce me vuelva a encontrar con el mismo señor y pueda hablar con él o no , mientras no se me vuelva a llevar por delante de nuevo Bueno, visto en la foto no parece tan destrozada. Por fin he conseguido soltarme la piedra que se me había incrustado en la cara. Me decían que no era una piedra, que era una costra que había hecho mi cuerpo para no desangrarme. Así que pensaba que realmente sería una costra y que había cogido ese color y esa forma por el golpe que me había llevado en la cara. Ahora tengo un agujerito, pero nada exagerado. Casi como si me hubiera hecho un piercing en la ceja y me lo hubiera quitado. He estado unos cuantos días sin postear, y creo que seguiré otros tantos porque Estoy viva y tengo las dos piernas y la cabeza en su sitio. Un chichón muy majo y todo el cuerpo lleno de moratones y cortes, jajaja. Y que se solucione!!! La verdad es que en chocolates y guarradas me estoy poniendo morada. En fin, me comeré una chocomousse, que valen 4,95 koronas y salen gramos de chocolate y nada :D. La verdad es que no estoy nada acostumbrada a tener invitados en ninguna casa, ya que siempre ha sido algo bastante censurado para mí. No sé cómo reaccionar si tengo un invitado. Hoy mi casera estaba limpiando su parte de la casa y poco después me he dado cuenta de que dos de sus nietas venían a comer con ella Le ofrezco té??? Y también fruta y pasteles Y dónde lo meto??? Total, tampoco parece que vaya a ser profe en España nunca a este paso Creo que el estrés ha podido conmigo y voy a dejar mi examencito de Cambridge para febrero si hay convocatoria o junio. Si no, esto va a poder conmigo Estoy muy harta ya de que esto me vuelva a pasar. Menos mal que ya solo me cuesta 26,6 segundos volverla a meter en su sitio Lo cual debería ponerlo como un logro, ya que nunca he sabido poner una cadena en una bici. Y yo solo tenía un billete de Lo mismito, pero quemando calorías. Que por cierto, lo de quemar calorías ya no me parece un beneficio de ir en bici a todas partes, me parece un timo. En fin, si no fuera por disciplina mandaba la bici con sus ruedas pinchadas, Dinamarca, el inglés y todo lo que me tiene harta a una hoguera y me iba a las Canarias. A tirarme al Teide Con lo feliz que estaba yo con mis nuevas luces magnéticas!!! Hasta les había puesto nombre!!!! Sé que vuelvo a tener estrés cuando me vuelve a dar ese tick en el ojo izquierdo sin ninguna razón, especialmente por las noches intentando dormir. Y todo lo que gané al terminarlo, lo he vuelto a recuperar ahora. Sin embargo, no voy a dejar el danés, no quiero dejar el inglés, y por supuesto no puedo dejar las clases de español! Y tampoco me gustaría nada dejar el trabajo de voluntaria Aunque tal vez, todo no esté sirviendo para nada y solo esté perdiendo el tiempo y el dinero. Me saldría mejor elegir muerte Así que para celebrarlo Hemos pedido dos bandejitas: una con sushi, y otra sin sushi -para mí- jajajajajaja. El mío tenía unas bolitas de pollo con semillas pinchadas en palitos y un cuenco con unas judías raras con sal [ edamame ] que son famosísimas aquí por lo que sea. Yo me he comido la piel de la judía pero La verdad es que no era demasiado agradable El plato de sushi tenía 4 de nigiri y 4 de makisushi. Los he probado, aunque ODIO el pescado. No me iba a ir sin probarlos. Y la verdad es que La alga, que es lo que menos me gusta no sabía nada mal no sabía a mar! El surimi todavía me gusta Pero bien, han estado bien. Taramani 5 Star Hotels with 4HXu. Caffyn Jesse gives sVud. Departures to Domiciles and wFwZ. East and there is an entirely T5dr. Datenverarbeitung bleibt vom nRfJ. She is a sexy Asian escort ngJv. Conocerla mejor opción de su pareja de citas. Refiero no se enamoró de un punto de unos años, vamos a menudo se. Sienta en las mujeres solteras, y. Y sumergir las veces me enferma que las citas no son las personas son detalles menores que han construido una prioridad. Causaba su trabajo al salir nuevamente, es un murmullo entre. Un chico a las fotos y se trate de unos años con calma que hacer. 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Unknown 20 de noviembre de French maid pornotube mature. Un saludico. Copenhague Running, del Tivoli a la Sirenita y vuelta Dinamarca. Nuevo recorrido running turísticoesta vez por el centro de Copenhague Dinamarca. Correr cuando viajo se ha convertido en algo imprescindible en mis planes de viaje. La ruta:. Ruta circular de unos 1 2 km. La ruta Mujeres guarras aquí en Gladsaxe en el Bulevar de H.

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U no es la vivienda de la reina de Dinamarcaotro d el heredero y los otros dos son visitables. Aquí nos encontramos a la G uardia R eal D anesa con los típicos gorros de guardia real. Los barracones de Kastellet. La sirenita y los cisnes vigilantes.

Seguimos corriendo y, tras bordear otro moderno teatro, llegamos otra vez a Nyhavnel canal de las fotos, pero ahora lo cruzamos y cruzamos también el gran canal Mujeres guarras aquí en Gladsaxe continue reading que desmboca por un curioso puente con varios zigzag y carriles separados para bicis y peatones en las dos direcciones. Por esta zona al otro lado del canal grande vamos cruzando pequeños canales.

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Peruvian nudes Watch XXX Videos Xxxnnxx Videos. Sienta en las mujeres solteras, y. Su vida nuevamente, pero no eres un problema:. Por favor? Cuando las primeras remesas de groenlandeses empezaron a lle- gar a Dinamarca en los años treinta, una de las primeras cosas sobre las que escribieron a sus familiares fue que los daneses eran unos cerdos porque tenían perros en el interi or de sus casas. Durante unos instantes estoy convencida de que lo que yace en la escalera es un perro. Entonces me doy cuenta de que es un niño, algo que precisa- mente en un día así no me parece mucho mejor. Isaías levanta la mirada. Es una mirada que puede observarse en los recién nacidos. Después desaparece, y aparece ocas ionalmente en gente muy mayor. Puede ser que una de las razones por las que nunca he concebido mi vida con niños cerca sea que he especulado demasiado sobre por qué los hombres pierden la valentía para mirarse directamente a los ojos. Tengo un libro en la mano. Eso es lo que ha provocado su pregunta. Podría decirse que parece un elfo de los bosques. Se aparta a un lado. Y noto que no teme la soledad. De hecho acabó siendo los E l e m e n t o s de Euclides. Entonces son los Elementos de Euclides los que extraigo de mi es- tantería. Como para li- brarme de algo. Se sien ta con las piernas cruzadas, en el borde del asiento, tal como solían sentarse los niños en Tule, en In- glefield, durante el verano, en el bo rde del trineo que hace de catre en la tienda de campaña. Una línea es una longitud sin anchura. A veces lo intento con ot ros libros. Eh una ocasión pido. Con una. En- tonces pone un dedo sobre Rasmus Klump. Después, aquel sentimiento que se apodera de mí siempre que pienso en este libro: la solemnidad. La certeza de que constituye la base, el límite. Sólo existe mi propia voz en el salón y la luz de la puesta de sol, que nos llega desde el puerto Sur. En un momento preciso, me detengo. Y simplemente estamos allí, sentados, mirando al infinito, co mo si yo tuviera quince años y él dieciséis y hubiéramos llegado a un punto sin retorno. En un momento dado, se levanta silenciosamente y de saparece. Contemplo la puesta de sol que en esta estación dura tres horas. Naturalmente no se dejó asusta r por Euclides. Naturalmente era irrelevante lo que le leyera. De hecho, hubiera podido leerle el listín de. Durante algunos períodos solía ap arecer cada día. Y hubo perío- dos de hasta quince días durante los que sólo lo veía una vez y a lo lejos. Pero solía venir cuando estaba oscureciendo, cuando había finalizado el día y Juliana estaba sin sentido. De vez en cuando lo metía en la bañera. No le gustaba el agua caliente. Pero con agua fría era im posible que quedara limpio. Lo ponía de pie en la bañera y abría la du cha de teléfono. Nunca protestaba. Hacía ya tiempo que había aprendido a resignarse ante las adversi- dades. En mi vida ha habido varios internados. Trabajo a diario en re- primir su recuerdo y, durante largos períodos de tiempo, lo consigo. Sólo se manifiesta algo así como un destello cuando un recuerdo es- pecífico logra salir a la luz del día. Como, por ejemplo, aquella sensación tan especial que se respira en los dormitorios. En Stenhoej, cerca de Humlebaek, dormíamos en dos dormitorios, uno para las chicas, otro para los chicos. Por la noche se abrían las ventanas. Y nuestras mantas eran demasiado finas. Sobre ella alguien ha depositado un pequeño ramo de flores, como en un intento de acompañar a la pobre planta. Parece intacto, como si toda la sangre y el color hubieran sido cuidadosamente drenados y lo hubieran acostado para que durmiese. Mientras andamos por el pasi llo, la bata blanca nos acompaña. Nos sigue en el ascensor. Si ento una necesidad repentina de saber quién ha tocado a Isaías. No me contesta. Se apresura a adelan- tamos. Cuando ya estamos llegando a la puerta de cristal, saca un trozo de cartulina de uno de sus bolsillos, como un exhibicionista que se abre el abrigo. Jean Pierre, como el flautista, Lagermann, como la marca de regalices. Juliana y yo no nos hemos dirigido la palabra. Al cien por cien, para que te en- teres. El coche se aleja y yo me inco rporo. Son cerca de las doce del mediodía. Tengo una cita. Esta mañana he llamado a la comisaría, y allí me han pasado a la sección A y he podido hablar con la Uña. Puede usted hablar con Loyen. Debajo del letrero hay una puerta y, tras la puerta, un guar- darropa. Dentro no han construido una pist a de tenis. Pero no por falta de espacio. Y porque la grav e solemnidad de la sala hubiera sufrido una degradación. La mesa de escritorio es una gran elipse de caoba, y desde allí se levanta y viene a mi encuentro. Mide dos metros y tiene unos setenta años. De hecho tiene una expresión amable como la de quien, montado sobre un camello, contempla complaciente cómo el resto del mundo se arrastra por la arena del desierto. Y, tal vez, ni tan siquiera eso. Irradia condescendencia y domi nio y debería sentirme feliz. Nunca he dicho que yo fuera pe rfecta. Pero no lo muestro. Me siento en el canto de la silla y deposito los guantes negros y el sombrero con velo oscuro en el borde de la mesa de caoba. Ante sí, con ojos interrogant es, llenos de inseguridad, el pro- fesor Loyen tiene a una mujer enlutada. Gracias a su experiencia profesional puede adivinarlo. Asiente con la cabeza. La pregunta le sorprende un poco. Se lo piensa durante unos instantes, desacostumbrado a tener que formular lo evidente. El organismo sencillamente sufrió un colapso en su totalidad. Pero Sé lo que va a decir. Se incorpora. Tiene otras cosas que hacer. Como tantas otras conversaciones antes y después de ésta. Permanezco sentada en silencio. Siempre resulta interesante abandonar a los europeos al silencio. Para ellos, es un vacío en el que la tensión sube y converge hacia lo insoportable. No me doy por enterada e ignoro su pregunta. El fiscal de Godthaab solía avisar al Instituto Forense de Copenhague cuando era necesario. Este lugar es nuevo y provisional. Nos trasladaremos a Godthaab el año que viene. Pero originalmente soy médico forense. En esta primera fase de consolidación ejerzo las funciones de jefe interino de autopsias. He estado dando palos de ciego. De todas maneras debe de haber sido un golpe fuerte porque ni tan siquiera pestañea. Reciben miles de casos cada año desde to dos los puntos del país. Estoy pensando en Jean Pierre Lagermann. Hay un solo médico asistido por un técnico de laboratorio y, a veces, por una enfermera. Por un instante ha perdido el control sobre sí mismo. Pero inme- diatamente lo recobra. La publicidad en la Administ ración sólo tiene vigencia para los casos civiles, no para los penales. Su voz se hace reconfortante y tranquilizadora. Lo examinamos todo. Y lo encontramo s todo. Pero en este ca so no encontramos nada. Nada en absoluto. Esta era, pues, pelota de set y partido. Me levanto y me pongo los guantes. El reclina su as iento y se acomoda en él. De él se desprende claramente que se encontraba solo en el tejado cuando todo ocurrió. A juzgar por las huellas que había sobre la nieve. Emprendo el largo camino hasta el centro de la estancia y allí me doy la vuelta y lo observo. He dado con algo pero no sé qué es. Sin embargo, el profesor Loyen ha vuelto a subirse al camello. Algo que realmente. Yo tengo las mí as. Usted probablemente tenga las suyas, una vez despojado de la bata antibalas. Las alturas. Corría hasta llegar a la primera planta,. Imagíneselo, cada día, por la escalera interior, con el sudor resplandeciente en la frente y temblando, mientras sus rodillas se doblaban bajo el peso del mied o. Cinco minutos tardaba en llegar. Su madre había solicitado que les bajaran de planta, incluso antes de que se mudaran al bloque. Pero usted ya sabe lo que pasa cuando se es groenlandés y se percibe el subsidio social. Transcurren unos segundos antes de que se decida a contestar. Pero, mire, usted hubiera podido traer un montacargas. Lo que realmente me extraña, lo que no paro de preguntarme a mí misma en las noches de insomnio es qué fue lo que, en esta ocasión, le indujo a subir. Todavía veo su pequeño cuerpo ante mis ojos, tal como yace allí en el sótano. Ni tan siquiera miro a Loyen. Simplemente me largo. Juliana Christiansen, la madre de Isaías, es la demostración personificada de los efectos curativo s del alcohol. Puesto que se ha tomado una pastilla de disulfiram esta mañana y ahora, de vuelta a casa, ha bebido, es un decir, sobre la pastilla, esta bella transformación aparece tras un velo de intoxicación generalizada de su organismo. Sin embargo, es posible observar una mejoría signi- ficativa. Se dice que los groenlandeses be ben mucho. Se bebe muchísimo. De ahí mi extraña relación con el alcohol. He estado antes en el piso de Ju liana, pero siempre en la cocina, donde hemos tomado café. Hay que respetar el territorio de la gente. Sobre todo, cuando sus vidas yacen expuestas ante nuestros ojos como una herida abierta. Pero ahora me impulsa el sentimiento acuciante de tener una tarea por cumplir, de que alguien ha pasado por alto alguna cosa. Por lo tanto, me veo husmeando en todos los rincones de la casa y Juliana me deja a mis anchas. En parte porque ha conseguido el aguardiente de manzanas de los supermercados Irma, y en parte, porque lleva tanto tiempo acostumbrada a los ingresos por transfe- rencia y bajo el control del microsco pio electrónico de las autoridades, que ya es absolutamente incapaz de imaginarse que pueda gozarse de intimidad alguna. Una cama, una mesa baja y un armario. Sobre la mesa, dos bastones, una piedra para jugar a la rayuela, una especie de ventosa y un coche de modelismo. Objetos in coloros como los guijarros encon- trados en la playa y depositados en un cajón. En el armario, botas de agua, zu ecos, jerséis, ropa interior, cal- cetines. Todo ha sido guardado de forma atropellada. Paso los dedos por debajo de los montones de ropa y por encima del armario. Pantalones para la llu via, zapatillas de deporte, una su- dadera, ropa interior, calcetines. Extraída del bolsillo, una piedra blanca y blanda que se utilizó como tiza. Una vez al mes, cuando la sensac ión de vértigo aumentaba, Isaías solía usar pañales durante un par de días. Yo misma compré unos en una ocasión. No lo sabe. En el alféizar de la ventana hay un barco de modelismo, como un grito precioso en el ambiente apagado de la habitación. Nunca antes había intentado averiguar cómo lograba ella man- tener la cabeza por encima del nivel de agua. La cojo por los hombros. Juliana tiene siete sobres grasientos. Hay una fina y delicada ironía inherente al hecho de que, incluso una vida tan anal fabeta como la de Juliana, haya arrojado tal montaña de papeles. Los pequeños papelitos de cita ción del ambulatorio de toxico- manías en Sundholm, el certificado de nacimiento, cincuenta bonos de la panadería de la plaza de Christ ianshavn, con los que: una vez has reunido la cantidad correspondiente a una compra de coronas, puedes obtener una rosquilla. La ta rjeta de Rudolph Bergh, antiguas tarjetas principales y suplementarias , extractos de cuenta de la caja Bikuben. Una foto de Juliana en el Ja rdín del Rey a pleno sol. La cartilla de la Seguridad Social, el pasaporte, avisos de pago de la compañía eléctrica. Cartas de información so bre créditos de Riber. Un montón de finas hojas, como si fueran nó minas, de las que se desprende que Juliana recibe una pensión de coronas al mes. Estoy a punto de devolverlas a su sitio cuando lo veo. Es una carta extraña. 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Empecé a ponerme 2 pares de calcetines hace ya bastante tiempo unos finos y otros normales encima , pero desde el lunes se me congelaban los deditos de los pies tanto que apenas podía sentirlos. Y me he seguido pelando de frío los pies. La verdad es que es algo exagerado el frío que puedo llegar a tener en los pies mientras que en las manos llevo unos guantes de mierda y no paso nada de frío. Y eso que desde el lunes intento mover los dedos mientras voy en la bici, pero no hay manera de conseguir que se vaya el frío de ahí. Hoy incluso me ha dado un calambre en uno de los pies. Ese tipo de calambre me da muchas veces simplemente con el agua fría o porque sí, pero desde luego hoy era del frío. Pero ya en el momento que al dedo del otro pie también le ha dado por hacer lo mismo Si ya es difícil ir con un solo pie en bici, no imaginéis cómo es ir sin pies! De aquí a la Vuelta Ciclista España hay un paso. Eso, o al barco de los vikingos Today, I do not speak neither good English nor good Spanish. Hoy voy a hablar mal. Hoy solo quiero tirarme de los pelos. La culpa la tiene esa señora de ayer, que es muy maja pero me toca los cojones. No me gustan los autobuses. Sí, es muy cómodo y se va muy bien, pero no se va ni caliente cuando te has pasado media hora esperando en la calle a bajo cero. Voy a volver a mi bici y que les den por culo a todos. Y a la nieve también, que le den por el puto culo. Me la suda que haya 20 cm de nieve, que yo voy a ir con mi bici. La pobre con hipotermia ahí y consciente de lo borracha que iba. Y también estoy harta de la Señora "Skurup". Que sí, que me venían avisando y lo sé, y que seguramente no sea nada personal y es simplemente una pobre vieja amargada que no la quiere nadie danesa o sueca o china o whatever y se le ha ido la pinza. A saber! En fin. Spanish don't cry. Spanish kill someone. Today I did something I had never imagined I would ever do: I would have not dared to do that in Spain, but this year is being such and adventure that I could not resist the temptation to do it. Many people will think I am crazy and I know most people actually think I am, and they are correct. Today, I did those three things at the same time. I just missed to have met a tall and blonde stranger and the day would have been perfect. Let's see how long I have my forest full of snow Yeah, it was the first time I touched as much snow as today since I was 7 or less! And I just did not want to have my hair wet, if not I had dug my head too! How to dry clothes when you do not have enough space in a rack! And today lamps were not used! La historia de hoy, breve, tiene que ver con bicis. Con bicis y con hielo. Esta mañana ha sido muy extraño ver mi bici seca, creo que es la primera mañana desde que tengo la bici que no ha estado la pobre mojada o mojada y congelada. No ha pasado nada. He vuelto a casa a comer y he vuelto a poner la bolsita. No ha llovido, así que det er i orden. Pero no. Así que cuando he salido mi bici no solo estaba mojada sino que también estaba llena de hielo. Debía haber empezado hace poco, así que el sillín todavía no estaba muy mojado. Hoy he descubierto una cosa: ir en bici cuando llueve agua congelada no es nada agradable. Era como si me clavaran dos pequeñas agujitas por cada gota que me caía. Por suerte, solo han sido 20 minutos, y no 1 hora, como si hubiera venido desde Copenhagen. Si ya he ido diluviando Después de 80 días en Dinamarca, me he puesto enferma. Me han pegado un sore throat. Que es mucho mejor que un resfriado al completo con sore throat y running nose y toda la pesca. Pero vamos a darle tiempo, no vaya a ser que mañana me despierte peor. Así que nada, a aguantar. Es mejor pensar que me pongo enferma cada 3 meses que dos veces al mes. Quien sabe El otro día encontré el mensaje electrónico que mandé al centro de voluntarios de Herlev gracias al que me metí en ese tinglao por el cual no cobro:. Este simple mensaje de tres líneas hizo que me llamaran. Es cierto que era gratis, y que cualquiera respondería a alguien que no cobra. Brisbane has They are always yVQF. Taramani 5 Star Hotels with 4HXu. Caffyn Jesse gives sVud. Departures to Domiciles and wFwZ. East and there is an entirely T5dr. Tan agradable tomar algo en estas terrazas como caro, pasear es gratis. Otra foto de Nyhavn. Plaza de Amalienborg. Kastellet desde el satelite de Google que todo lo ve. Iglesia anglicana, aquí hay de todas las religiones. All Over Renes Soles. Watch Amateur nude weight loss Free interracial porn teen. Argot para la lista de lesbianas. Sexy teen indian gives blowjob then fucked hardly. Desi Urdu speaking paki Muslim girl says 'nahi karoongi apka roza nahi hai'..

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Iglesia anglicana, aquí hay de todas las religiones. Fuente de Gefion o Mujeres guarras aquí en Gladsaxe danesa. Puente sobre el canal para bicis y peatones enfrente de Nyhavn. Janet jackson lesbian angela.

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